17 de febrero de 2026
La Iglesia Católica cuenta con una serie de prácticas y tradiciones que marcan cada tiempo litúrgico. A través de ellas, la vida espiritual de los fieles se enriquece en la medida en que el amor de Dios se hace presente en el día a día. Para el tiempo penitencial de la Cuaresma, estas prácticas son el ayuno y la abstinencia, medios muy útiles en el camino de preparación para la Pascua. Para ayudar a los católicos a vivir este tiempo litúrgico y profundizar en el conocimiento de la fe, te compartimos las respuestas a las preguntas más frecuentes sobre el ayuno y abstinencia:
La penitencia, ¿es interior o exterior? La penitencia tiene un carácter “eminentemente interior y religioso” que sólo adquiere su sentido completo «en Cristo y en la Iglesia». Esta dimensión interior no excluye ni reduce “en modo alguno la práctica externa de esta virtud, más aún, exigen con particular urgencia su necesidad” y estimulan a la Iglesia a buscar, “además de la abstinencia y el ayuno, nuevas expresiones, más capaces de realizar, según la condición de las diversas épocas, el fin de la penitencia” (Ver: Constitución Apostólica Paenitemini, II). En síntesis, tanto lo interior como lo exterior son dimensiones importantes que deben estar presentes y ayudarse mutuamente.
¿Qué significan el ayuno y la abstinencia? La penitencia es un aspecto decisivo de la vida cristiana, y lo es -de acuerdo al Código de Derecho Canónico– “por ley divina” (CIC 1249), dada nuestra condición. Precisamente, el ayuno y la abstinencia son prácticas penitenciales que la Iglesia considera apropiadas y las manda para determinados días del año. Según la Constitución Apostólica Paenitemini, III, 1, la abstinencia prohíbe el consumo de carnes, “pero no el uso de huevos, lacticinios y cualquier condimento a base de grasa de animales”. El ayuno “obliga a hacer una sola comida durante el día, pero no prohíbe tomar un poco de alimento por la mañana y por la noche, ateniéndose, en lo que respecta a la calidad y cantidad, a las costumbres locales aprobadas” (CAP, III, 2). No obstante, el canon 1253 del Código de Derecho Canónico (CIC) indica que una “Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad”.
¿Cuál es el origen de la práctica del ayuno y la abstinencia? Estas prácticas tienen profundas raíces en la historia y la teología. El ayuno se remonta a tiempos bíblicos, en los que personajes como Moisés (Éxodo 34, 28), Elías (1 Reyes 19, 8) y Jesús mismo (Marcos 1, 13) practicaron el ayuno. En el cristianismo primitivo, el ayuno era una forma común de expresar arrepentimiento y buscar la cercanía con Dios. La abstinencia de carne tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia de sacrificar algo como acto de penitencia, así como San Pablo invitó a someter y dominar su cuerpo (1 Cor 9, 27) por un bien mayor. «La verdadera penitencia no puede prescindir, en ninguna época de una «ascesis» que incluya la mortificación del cuerpo; todo nuestro ser, cuerpo y alma (más aún, la misma naturaleza irracional, como frecuentemente nos recuerda la Escritura» (CAP, II).
¿Por qué los católicos practicamos el ayuno y la abstinencia? El canon 1249 del Código de Derecho Canónico señala que la Iglesia Católica fijó algunos días en el año para que todos los católicos realicen juntos prácticas penitenciales, como son la oración, hacer obras de piedad y de caridad y sobre todo, practicar el ayuno y la abstinencia.
Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica. explica en el apartado N° 2043 que abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia “asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón”.
¿Cuándo son obligatorios el ayuno y la abstinencia? El Código de Derecho Canónico indica en el canon 1251 que los días en que es obligatorio ayunar y practicar la abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Sin embargo, dichas prácticas pueden ser observadas todos los viernes del año, “a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal”.
¿A qué edad obligan el ayuno y la abstinencia? El Código de Derecho Canónico establece en el canon 1252 que el ayuno es obligatorio desde la mayoría de edad hasta los 59 años. La abstinencia de carne es obligatoria a partir de los 14 años.
¿Quiénes están exentos de ayunar y pueden comer carne en Cuaresma? En los días prescritos para la observancia, los menores de edad y las personas de 60 años o más están exentos de ayunar, y los menores de 14 años pueden comer carne. No obstante, el canon 1252 del Código de Derecho Canónico sugiere a los pastores de almas y padres de familia que ayuden a los pequeños que no están obligados al ayuno y la abstinencia a formarse en un “auténtico espíritu de penitencia”. En el número 1253, el mismo Código señala que “la Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad”. Así, pueden estar exentos los enfermos, mujeres gestantes o que alimentan a sus bebés y obreros de acuerdo a su necesidad.
¿Cuál es el sentido de practicar el ayuno y la abstinencia? Una profunda transformación de la mente, del corazón y de la vida en general. En esto consiste la conversión. Sin esfuerzo auténtico de conversión -abandonar la vida de pecado para vivir como Cristo (ver Romanos 6, 6-28)- el ayuno y la abstinencia pierden su sentido último. Estas prácticas nos ayudan a crecer en el espíritu de penitencia y conversión al que Jesús nos llama. Ya lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, 1430, cuando señala que este ‘llamado’ se enfoca en “la conversión del corazón”, sin la cual las obras exteriores “permanecen estériles y engañosas”. Sin amor o caridad todo se pierde (ver: 1 Corintios 13, 1-7). Al respecto, el sitio web del Opus Dei subraya la consecuencias de caer en un “externalismo” en las prácticas penitenciales: “En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que ‘ve en lo secreto y te recompensará’ (Mateo 6,18)”.
