23 de abril de 2026

Junto al delegado Presidencial y la Seremi de Justicia, el Obispo de Chillán dialogó con internos y personal de Gendarmería, recorrió las instalaciones y compartió un momento de oración en la capilla del penal. Monseñor Andrés Ferrada Moreira, Obispo de la Diócesis de Chillán, realizó una visita al Centro de Cumplimiento Penitenciario de Chillán, acompañando por el Delegado Presidencial de la región, Diego Sepúlveda, y la Seremi de Justicia y Derechos Humanos, Natalia Reyes. Durante la visita, el Obispo tuvo la oportunidad de dialogar con los internos y el personal de gendarmería, recorriendo las instalaciones, algunos módulos del penal y el perímetro de vigilancia, acercándose a la realidad que viven quienes se encuentran privados de libertad. Posteriormente, junto a la Hermana Patricia Martínez, delegada para la pastoral social diocesana, el diácono José Sepúlveda, capellán del centro, y la comunidad de la pastoral penitenciaria, vivieron un emotivo momento de oración en la Capilla Nuestra Señora de Montserrat, junto a los internos que participan del proceso de catequesis. Frente a los internos, el pastor diocesano fue enfático en señalar que el valor de una persona no depende de sus errores pasados ni del juicio social:  “Aunque aquí todo el mundo te diga que eres poca cosa, no importa. Dejemos que Jesús nos compre, que compre nuestro corazón… cada uno de nosotros es precioso a los ojos de Dios. No nos creó para el mal, nos creó para el bien, para la belleza”. Recordando al Papa Francisco, Mons. Andrés, invitó a todos los presentes a la humildad, reconociendo que todos, dentro o fuera del penal, necesitamos de la salud espiritual. “El Papa Francisco siempre que iba a un recinto penitenciario le decía a la gente: ‘¿Por qué tú y yo no?’. Todos podríamos estar perfectamente aquí. Lo que el Señor quiere es que vayamos a Él porque solo en Él todo lo que estaba ‘vendido’ al mal es redimido”. Esta visita reafirma el compromiso de la Diócesis de Chillán con la pastoral penitenciaria, entendida como una expresión concreta del amor de la Iglesia hacia quienes más lo necesitan, llevando esperanza y acompañamiento espiritual al interior de los centros de reclusión.