13 de agosto de 2026
Estamos cerca de celebrar, este 15 de agosto, el día de la Asunción de la Virgen María, una ocasión para profundizar en el amor a la Madre de Dios a través del conocimiento del ‘lugar’ en el que Dios la ha puesto para nuestro provecho espiritual y salvación eterna. Que María fue asunta al cielo es un ‘dogma’ de fe para los católicos. A continuación, un repaso de los dogmas proclamados en torno a María y una ayuda a la memoria para nosotros que queremos ser buenos hijos en el Hijo.
¿Qué es un dogma? Los dogmas marianos no son opiniones piadosas ni expresiones devocionales opcionales, a gusto de cada quién, sino verdades de fe que la Iglesia ha definido solemnemente y que todo católico está llamado a creer. Un dogma es una verdad revelada por Dios y propuesta por la Iglesia como tal, de modo definitivo –no se pueden revertir ni cambiar–. El Catecismo enseña que la fe católica acoge la verdad revelada con obediencia de fe, y que el Magisterio tiene la misión de custodiar, explicar y proponer con autoridad lo que ha sido revelado por Dios en la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición (cf. CEC 88-89; 2032-2035). Por eso, cuando la Iglesia define un dogma, no está inventando una nueva verdad, sino declarando solemnemente que algo pertenece al depósito de la fe. Una vez definido, el dogma no puede ser negado por una decisión posterior, porque la Iglesia lo propone como verdad irrevocable para la fe católica. Los dogmas de la Iglesia abarcan verdades sobre Dios, Jesucristo, la Virgen María, la Iglesia, los sacramentos y el destino último del ser humano. En el caso de María, la Iglesia ha definido cuatro dogmas.
Los cuatro dogmas marianos
1. La Inmaculada Concepción El dogma de la Inmaculada Concepción enseña que la Santísima Virgen María fue preservada, por singular gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción. El Catecismo lo resume así: la Virgen fue “preservada inmune de toda mancha de pecado original” y enriquecida desde el primer instante con la santidad singular que Dios le concedió para preparar en ella la morada del Verbo encarnado. (cf. CEC 490-493). Este dogma fue definido por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, mediante la bula Ineffabilis Deus. La enseñanza de la Iglesia subraya que esta gracia proviene de Jesucristo, no al margen de Él: María fue redimida de modo ‘preveniente’ (o, ‘que precede’) y perfecto en atención a los méritos de su Hijo.
2. La Maternidad Divina La maternidad divina de María significa que la Virgen es verdadera Madre de Dios, porque Jesucristo, su Hijo, es una sola Persona divina con dos naturalezas, la humana y la divina. Por eso, quien nació de María según la carne es el Hijo eterno de Dios hecho hombre; en ese sentido, María es con toda verdad Theotokos, Madre de Dios. (cf. CEC 495). Esta verdad fue solemnemente proclamada por el Concilio de Éfeso en el año 431, bajo el pontificado del Papa Celestino I. En el siglo XX, el Concilio Vaticano II reafirmó esta doctrina al recordar que “desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios” (Lumen gentium, 66).
3. La Perpetua Virginidad El dogma de la perpetua virginidad afirma que María fue virgen antes, durante y después del parto de Jesús. Esta verdad forma parte de la fe católica desde los primeros siglos. No se trata de señalar simplemente que María permaneció virgen hasta cierto momento, sino de confesar que su virginidad fue perpetua. El Papa San Juan Pablo II recordó que la Iglesia ha considerado constantemente esta verdad como parte de la fe recibida y profundizada a lo largo de su historia. A diferencia de la Inmaculada Concepción y la Asunción, este dogma no fue definido en una única bula pontificia. La virginidad perpetua de María se definió formalmente a través del Segundo Concilio de Constantinopla (553) y el Sínodo de Letrán (649).
4. La Asunción de la Virgen María La Asunción de María enseña que la Virgen Santísima, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. La Iglesia no define el modo exacto en que concluyó su vida terrena, pero sí proclama con certeza que fue glorificada plenamente por Dios (cf. CEC 966). Este dogma fue proclamado solemnemente por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus. En ese documento, se reafirma que la Inmaculada Madre de Dios fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.No olvidar Los dogmas marianos no añaden algo ajeno a Cristo; al contrario, muestran la grandeza de la obra salvadora de Dios en la Virgen María. Por eso, la devoción mariana auténtica nunca separa a María de Jesucristo, sino que la contempla como la primera y más perfecta discípula del Señor.
