17 de febrero de 2026

Cada Miércoles de Ceniza, decenas de personas se agolpan a las puertas de la iglesia de San Anselmo, enclavada en el Aventino, una de las siete colinas de Roma, para ser testigos de la procesión penitencial que recorre con paso solemne los 200 metros que la separan de la de Santa Sabina.  Este año esta tradición, llamada “Statio”, que hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo, adquiere un relieve especial al ser la primera vez que lo preside el Papa León XIV. Durará menos de cinco minutos, pero no será un simple traslado ceremonial: el recorrido marca litúrgicamente el inicio de la Cuaresma y subraya, además, la fuerte presencia monástica del Aventino: los benedictinos, en la iglesia de San Anselmo y los dominicos, en Santa Sabina. “El carácter penitencial de la Cuaresma nos permite explorar la dimensión espiritual de estas liturgias estacionales seculares. La Cuaresma está marcada por los temas del bautismo y de la conversión: reorientar nuestras vidas hacia Cristo, hacer fecunda su vida en la nuestra y esforzarnos por imitarlo”, explica en declaraciones a ACI Prensa el presidente del Pontificio Instituto Litúrgico, el P. Stefan Geiger.

Mártires, modelos de vida En ese camino, los mártires ocupan un lugar privilegiado porque “sirven como modelos excepcionales de este estilo de vida”,asevera. “El método de la Iglesia primitiva no se basaba en la instrucción teórica, sino en el ejemplo concreto de una vida vivida para Cristo, ofreciendo una invitación a realinear completamente la propia vida con Él”, indica.La elección de Santa Sabina como meta no es casual. Se trata de una iglesia estacional, un concepto clave en la tradición de la Iglesia romana. “Es a la que el Papa acude en una ocasión concreta para celebrar la liturgia con los fieles”, asegura el sacerdote benedictino. Esta práctica se remonta a la Iglesia primitiva, cuando el cristianismo comenzaba a organizar su culto público en Roma. En el año 313 con el Edicto de Milán, el emperador Constantino concedió la libertad de culto, lo que aceleró el crecimiento de las comunidades cristianas y llevó a multiplicar los lugares de celebración dominical, conocidos como tituli, auténticas parroquias primitivas. “Estas ‘iglesias titulares’ representaban a las respectivas parroquias, dividiendo el creciente número de fieles en unidades más pequeñas”, explica el P. Geiger. Sin embargo, este desarrollo en los contextos urbanos planteó un problema teológico y pastoral. “Desde muy pronto surgió la preocupación por cómo mantener y expresar visiblemente la unidad de la Iglesia local. En aquel tiempo, el ideal de la Iglesia local seguía siendo la comunidad reunida en torno a su obispo. Sin embargo, esto resultaba cada vez más difícil de sostener, especialmente en contextos urbanos, y amenazaba con oscurecer la unidad visible”, recuerda el presidente del Pontificio Instituto Litúrgico.

Las liturgias estacionales nacieron en el siglo IV Fue en este contexto cuando, en el siglo IV, surgieron las liturgias estacionales como signo tangible de comunión eclesial. El Papa, como obispo de Roma, “estacionaba” regularmente en una iglesia titular concreta, presidiendo allí la liturgia y de este modo, le confería una “precedencia sobre otras liturgias”, explica el P. Geiger. Un siglo más tarde, la tradición romana incorporó un elemento decisivo: la procesión penitencial.  “En el siglo V se desarrolló una costumbre romana única: una procesión penitencial hacia la iglesia estacional, que comenzaba en una iglesia de recogida —la collecta—, donde se cantaban antífonas penitenciales y las Letanías de los Santos”, detalla. El recorrido culminaba con una triple invocación del Kyrie Eleison (Señor, ten piedad)  -una de las oraciones más antiguas y fundamentales de la liturgia cristiana- y una intensa oración silenciosa ante el altar, durante la cual el clero se postraba. “Se trata de un gesto que todavía hoy vemos en la liturgia del Viernes Santo. La procesión concluía con una oración silenciosa y una postración del clero, antes de la oración final, ya que el Kyrie se había cantado durante las letanías”, añade.

De la solemnidad medieval al eclipse moderno Durante la Alta Edad Media, este esquema fue asumido y enriquecido con un ceremonial cada vez más solemne. “El Papa se desplazaba a caballo desde San Juan de Letrán, que entonces eran la residencia pontificia y era recibido en la iglesia estacional ceremonialmente, revestido con los ornamentos litúrgicos. Después, entraba en la iglesia acompañado de acólitos que portaban siete antorchas, y sólo entonces comenzaba la celebración”, recuerda el P. Geiger.  Al final de la liturgia, el diácono anunciaba solemnemente la siguiente iglesia estacional y, en su caso, la iglesia de collecta, a lo que los fieles respondían con Deo gratias. Sin embargo, con los años la tradición se fue debilitando. Durante el periodo en el que siete Papas residieron en Aviñón (Francia) (1309–1377), prácticamente desapareció de Roma. Tras la toma de Roma, en 1870, hito final del Risorgimento italiano, cuando las tropas del Reino de Italia abrieron una brecha en las murallas aurelianas cerca de Porta Pia, las liturgias estacionales fueron prohibidas oficialmente en 1870, como parte de un decreto general que prohibía todas las procesiones.

La recuperación contemporánea El resurgir de esta tradición llegó tras los Pactos de Letrán, concordato firmado en 1929 que define las relaciones civiles y religiosas entre el gobierno y la Iglesia en Italia.  La Pontificia Accademia Cultorum Martyrum – que tiene la noble tarea de mantener vivo el legado de los primeros testigos de la fe cristiana–impulsó entonces la recuperación de las liturgias estacionales, gracias especialmente a su primer director, Carlo Respighi. “Todavía hoy la Academia es responsable de supervisar estas celebraciones, y su sitio web enumera las iglesias estacionales de la Cuaresma”, explica el P. Geiger.  En todo caso, el presidente del Pontificio Instituto Litúrgico explica que en la actualidad, el Papa preside generalmente solo dos liturgias estacionales: el Miércoles de Ceniza, en Santa Sabina y el Jueves Santo, en San Juan de Letrán. “Antes de la reforma litúrgica, el Misal enumeraba unas 89 liturgias estacionales en 42 iglesias estacionales. Los orígenes de cada una de las “iglesias titulares” ya no se conocen, pero están estrechamente vinculados a los mártires, que tienen un significado especial en la memoria de la ciudad de Roma”, detalla a este respecto. Como cada año, la comunidad benedictina de San Anselmo se prepara con esmero para esta relevante cita. El encuentro cobra un significado especial al ser la segunda visita del Pontífice en su primer año de mandato; cabe recordar que los monjes ya tuvieron el honor de recibir a León XIV el pasado 11 de noviembre de 2025, coincidiendo con la festividad de la dedicación de su iglesia.