03 de agosto de 2026
Cuando los Padres Fundadores de Estados Unidos declararon la independencia de la Corona británica hace 250 años, el catolicismo representaba una porción muy pequeña de la población: menos del 2% de los habitantes. El principal centro del catolicismo estadounidense en 1776 era Maryland, colonia creada como un refugio seguro para los católicos y hogar del único firmante católico de la Declaración de Independencia: Charles Carroll de Carrollton. Sin embargo, más de un tercio de los católicos vivía fuera de Maryland a finales del siglo XVIII. El Arzobispo John Carroll —primer obispo de Estados Unidos— informó a la Santa Sede en 1785 que había alrededor de 15.800 católicos en Maryland, al menos 7.000 en Pensilvania, al menos 1.500 en Nueva York y no más de 200 en Virginia. Además, había algunos cientos dispersos en otros lugares. La principal razón de estas bajas cifras eran las leyes restrictivas, algunas de las cuales prohibían por completo el catolicismo y la presencia de sacerdotes en las colonias. Incluso en Maryland, después de la Revolución Protestante de 1689, los católicos enfrentaron severas restricciones, entre ellas la prohibición de votar y de celebrar públicamente la Misa. «[Las leyes] eran definitivamente represivas», afirmó a EWTN News, Seth Smith, profesor de Historia en la Universidad Católica de América y especialista en la historia del catolicismo en Estados Unidos. «Pero los católicos en las colonias tenían más libertad para practicar su fe que la que habrían tenido en Gran Bretaña», dijo Smith. «Sobre el papel, prácticamente en todas partes —excepto en Rhode Island y, de manera informal, en Pensilvania— los católicos sufrían privación de derechos políticos, exclusión de cargos públicos, restricciones para poseer tierras y prohibiciones contra el culto público, las escuelas católicas y los sacerdotes. Estas leyes se endurecieron durante todo el período colonial «, explicó. Por ejemplo, Massachusetts tenía una ley que permitía la ejecución de sacerdotes, aunque, según Smith, «en la práctica, la ejecución de sacerdotes simplemente por ser sacerdotes prácticamente no ocurrió en las 13 colonias». «Estas leyes limitaron la migración católica hacia la Norteamérica británica. La realidad práctica era que había tan pocos católicos que muchas veces ni siquiera tenía sentido hacer cumplir esas normas «, señaló.
El catolicismo en Pensilvania Mientras el principal núcleo católico de Maryland sufría restricciones legales entre finales del siglo XVII y el siglo XVIII, los jesuitas de esa colonia buscaron extender su misión hacia otros territorios. Encontraron el ambiente más favorable en Pensilvania, fundada por el cuáquero William Penn, firme defensor de la libertad religiosa. El P. Joseph Greaton, un católico inglés que llegó a Maryland en 1719, fue destinado a Pensilvania, donde fundó la primera parroquia católica de la colonia en Filadelfia: la iglesia de San José (Old St. Joseph’s Church), establecida en 1733. Aunque tanto la colonia como la ciudad toleraban legalmente a los católicos, Greaton tomó precauciones debido al sentimiento anticatólico. Diseñó la iglesia para que pareciera más una vivienda que un templo católico. Consultado por EWTN News, el actual párroco remitió la entrevista a Stephen Paesani, un feligrés muy involucrado en la vida parroquial y conocedor de su historia. Paesani explicó que la capilla fue diseñada de esa manera «para que no llamara la atención». Cuando fue construida, era «el único lugar del Imperio británico donde la Misa se celebraba de forma legal y pública», ya que la Asamblea Provincial de Pensilvania —el órgano de gobierno de la colonia— determinó que las leyes británicas anticatólicas no se aplicaban allí. Para ingresar al templo, explicó Paesani, «había que entrar por un callejón y atravesar un patio». «Si no sabías que la iglesia estaba allí, nunca la habrías encontrado», añadió. Los católicos constituían una pequeña minoría tanto en Filadelfia como en el resto de Pensilvania. Según Paesani, el trato hacia ellos era «variado». Había «claros episodios de anticatolicismo» en la Filadelfia colonial, pero los sacerdotes participaban activamente en la comunidad y, en general, contaban con el respaldo de las autoridades civiles. Charles Carroll de Carrollton, uno de los Padres Fundadores y único firmante católico de la Declaración de Independencia, asistía ocasionalmente a esa iglesia. Otro feligrés destacado fue John Barry, oficial naval irlandés y católico que luchó en la Revolución estadounidense y posteriormente fue designado para dirigir la Marina de Estados Unidos. Greaton fundó además otras iglesias en distintos puntos de Pensilvania para atender a los católicos y recorría pueblos administrando los sacramentos. Una de las parroquias que aún permanece es Most Blessed Sacrament, en Bally, fundada en 1741 para servir a un pequeño grupo de católicos alemanes. Michael Miller, director del museo de esa parroquia, dijo a EWTN News que la comunidad atendía apenas «a unas pocas familias», siendo la más cercana la familia Kuhn. John Kuhn, un católico alemán, informó a los jesuitas que había tierras en venta, anteriormente pertenecientes a menonitas. «[Greaton] viajaba a otras casas donde se celebraba la Misa [por toda Pensilvania]», explicó Miller. Al preguntarle si los católicos alemanes sufrían discriminación, respondió: «No por aquí». En esa región, dijo, la mayoría de las personas, independientemente de su religión, eran agricultores o trabajadores del hierro, y la mayoría protestante era «buena vecina». «Había tan pocos católicos en la zona que, cuando finalmente construyeron la capilla, contrataron trabajadores menonitas», señaló. Entre los otros lugares que Greaton visitaba estaba Ivy Mills, donde la Misa se celebraba en la casa de Thomas Willcox a comienzos del siglo XVIII, hasta que los católicos establecieron la parroquia de Santo Tomás Apóstol. También atendía la capilla de Conewago, en Hanover (actual Basílica del Sagrado Corazón de Jesús), fundada en 1730.
El catolicismo fuera de Maryland y Pensilvania Fuera de Maryland y Pensilvania, Smith explicó que «lo que existía principalmente eran familias acomodadas dispersas, como los Brent en Virginia —vinculados a Maryland—, y católicos que desempeñaban funciones diplomáticas y comerciales en ciudades portuarias». Esto explica la pequeña presencia católica en ciudades como Nueva York y Charleston, Carolina del Sur, a pesar de que el catolicismo fue ilegal allí durante la mayor parte del período colonial. Solo hubo un breve período de legalidad en Nueva York cuando el católico irlandés Thomas Dongan fue gobernador entre 1683 y 1688. «La razón por la que existía alguna presencia católica en estas ciudades —o en cualquier ciudad portuaria de la Norteamérica británica— era el comercio», explicó Smith. «Las ciudades portuarias atraían marineros, comerciantes y personas de todo el mundo. 1790 Tras la Revolución estadounidense y la adopción de la Constitución y de la Carta de Derechos (Bill of Rights), que garantizaba el derecho al «libre ejercicio» de la religión, el catolicismo pasó a ser tolerado, al menos desde el punto de vista legal. Esto favoreció una mayor inmigración católica durante el siglo XIX. En 1790, mientras los legisladores aún debatían la aprobación de la Carta de Derechos, el presidente George Washington escribió al Arzobispo John Carroll. Washington aseguró al arzobispo que los católicos disfrutarían de los mismos derechos que los protestantes bajo el nuevo gobierno. «Sus conciudadanos no olvidarán el papel patriótico que usted desempeñó» durante la Guerra de Independencia y en el establecimiento del nuevo gobierno, escribió Washington, quien también recordó el apoyo brindado por la católica Francia. «Que los miembros de su comunidad en América, animados únicamente por el puro espíritu del cristianismo y comportándose siempre como fieles ciudadanos de nuestro gobierno libre, disfruten de toda felicidad temporal y espiritual», concluyó Washington.
