04 de junio de 2026
José Ríos es seminarista de tercer año en el Seminario Conciliar de la Archidiócesis de Madrid. Antes de pasar sus días subiendo y bajando las imponentes escaleras del edificio situado cerca de la Basílica de San Francisco en la capital de España, estudió guitarra flamenca en el conservatorio y se curtió en los tablaos con el cantaor Rafael Jiménez y acompañándole en sus clases en la escuela Amor de Dios, “el epicentro del flamenco en Madrid”. En su proceso de discernimiento, valoró la posibilidad de ingresar en la Abadía de San Isidro de Dueñas, donde murió San Rafael Arnaiz, pero finalmente aceptó la llamada al sacerdocio diocesano en Madrid, en un camino que se complicó por un problema cardiaco, a Dios gracias resuelto. José va a participar en el encuentro “Tejer redes” en el que el Papa León XIV dedicará un tiempo a dialogar con el mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte, que tendrá lugar el domingo 7 de junio por la tarde en el pabellón Movistar Arena. «Me van a hacer unas preguntas y voy a tocar un poco la guitarra, porque yo antes de ser seminarista me dedicaba sobre todo al tema de la música”, expuso con sencillez en conversación con ACI Prensa, en el espacio que llaman “la huerta” en el seminario. De su recorrido musical, asume que “no estaba consolidado, estaba metiéndome en el mundo. Lo que pasa es que luego entré en el seminario y corté con eso”. Tanto es así, que donó su guitarra profesional para que la pudiera aprovechar alguien más. Para aportar su arte durante la visita del Papa, el cantaor al que tantas veces acompañó en el pasado le ha prestado una guitarra que tiene más de 60 años y a la que ha dedicado algunas horas extra en las últimas semanas para recuperar sensaciones en las manos. La técnica no se olvida, pero la agilidad digital hay que entrenarla. En el flamenco, “lo que sueles componer mucho son falsetas, que son como fragmentos musicales que luego, en función de que tengas que acompañar a alguien que baila, a alguien que canta, pues vas intercalando. O, cuando tocas solo, las juntas y cada uno va desarrollando un poco su estilo”. Así, José va a interpretar “algunas cosas que eran las que solía tocar, porque aquí en el seminario no hay tiempo para componer”. A los tiempos de convivencia fraterna en el seminario, hay que sumar las actividades pastorales, como la que él desarrolla en la parroquia de San Jorge, y los estudios.
“La música me ayuda a vivir la fe” La música es compañera de vida para José. Lo fue en su vida secular, pero también en su recorrido espiritual: “La música me ayuda a vivir la fe de distintas maneras”, reconoce. En primer lugar, porque facilita el encuentro con la belleza: “Te da un criterio estético que al final remite a Dios. Siempre remite a Dios”. En una primera instancia, desde el punto de vista humano, la música lleva a reconocer “algo que trasciende a la propia cultura porque la belleza te llega. Al final, eso que unifica a todos los hombres, también remite a algo más grande, que nos unifica a todos, que es Dios”. Por otro lado, el seminarista valora que “la música tiene mucha disciplina” y enseña a “hacer las cosas bien”. A su entender, este arte “requiere mucha dedicación y entonces reconoces la diferencia entre algo aceptable o algo bien hecho. Te da mucho sentido del hacer las cosas bien, con delicadeza, con cuidado”. Por último, José recuerda que “en el seminario hay mucha música” y, siguiendo la enseñanza atribuida a San Agustín, quien canta, ora dos veces, “te permite en la oración relacionarte con el Señor”. “A mí me gusta mucho que toda la liturgia de las horas la cantamos. Es para mí un momento muy bonito de relación con el Señor”, subraya el futuro presbítero, quien se muestra convencido de lo que su arte musical puede aportar en el apostolado. “Cuando tocas, y tocas bien, y a alguien le gusta, se establece una comunión muy grande”, y no sólo en actos propiamente religiosos o relacionados con la fe. “La música, es verdad, mueve el corazón. Yo sí tengo experiencia de tocar y que alguien se repente se te acerque (…) Ahí se establece una relación. Al final, la fe se comunica por relación, no por programas”.
“Un bien enorme para la Iglesia de España y del mundo” Mientras prepara exámenes y trabaja la memoria muscular de sus dedos con la guitarra, José espera la venida del Papa con mucha alegría. “Tuvimos la oportunidad de conocer al Papa Francisco hace dos años y el encuentro con el Santo Padre siempre es muy enriquecedor”. “También es un momento de ser confirmado en la fe, más allá de una experiencia particular. El encuentro con el sucesor de Pedro va a ser un bien enorme para la Iglesia de España y del mundo”, concluye.
