09 de junio de 2025

El lunes después del domingo de Pentecostés, la Iglesia celebra la memoria de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’.

Hoy, fortalecidos por la presencia del Espíritu Santo, tenemos la ocasión propicia para profundizar en una dimensión importantísima de nuestra fe: la Iglesia que Cristo fundó está ligada íntimamente a su Madre y al papel que Ella desempeña dentro del plan salvífico de Dios. María vela por cada uno de los hijos del Cuerpo Místico de Cristo con amor maternal, los protege de las insidias del Maligno y los acompaña durante su peregrinar por esta tierra. La incorporación de la celebración de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’ en el Calendario Romano General es relativamente reciente. Fue establecida el 11 de febrero de 2018 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, mediante decreto firmado por quien entonces era su Prefecto, Cardenal Robert Sarah.  De acuerdo al documento, “el Sumo Pontífice Francisco consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.  Con esto, el Papa Francisco nos animaba a prestar más atención a “la figura de la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”. La razón para ello descansa en la idea de que conociendo más de cerca la maternidad de María seremos capaces de interiorizar también su sentido en las circunstancias propias de nuestro paso por este mundo. Es decir, unidos filialmente a la Madre de Dios seremos más capaces de preocuparnos y trabajar por el bien de quienes nos rodean, dándoles acogida y sirviéndolos.

Que Cristo nazca en todos los corazones

Así como María, que ofreció a su Hijo, cada cristiano debe ofrecerlo también a quienes están a su alrededor. En nosotros está la posibilidad de mostrar a la Iglesia como lo que es, una auténtica madre que vela por sus hijos.  El mencionado decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos añade que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”. En repetidas ocasiones se ha cuestionado -desde fuera de la Iglesia y a veces desde dentro- el sitial que se le ha dado a la Virgen. Dichos cuestionamientos no tienen lugar si se considera que todo en María está referido a Jesús. María no sería Madre de la Iglesia si no fuera antes Madre de Cristo. “La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el mencionado decreto.

La Iglesia, verdadera Madre

Día de la Iglesia