12 de marzo de 2026

Una vez más, fieles chilenos y argentinos se reunieron en el tradicional Encuentro en el Cristo del Tromen, una actividad binacional que año tras año se lleva a cabo en el paso fronterizo Mamuil Malal y simboliza la fraternidad entre ambos países. La Eucaristía tuvo lugar junto al monumento del Cristo del Tromen, a los pies del Volcán Lanín, en el entorno único de la Patagonia chileno-argentina, y reunió a cientos de fieles en torno a esta tradición que ya lleva más de 70 años promoviendo la paz y la hermandad entre ambas naciones. La celebración estuvo presidida por el Obispo de Villarrica, Mons. Francisco Javier Stegmeier, y concelebrada por el párroco de María Auxiliadora de Junín de los Andes, P. Carlos Gómez, SDB. En la ceremonia, el P. Gómez leyó una carta del Obispo de Neuquén, Mons. Fernando Croxatto, quien, tras la postergación de la Misa por motivos climáticos, no pudo asistir. El origen de este encuentro se remonta a 1950 y fue instaurado por el Venerable Mons. Francisco Valdés Subercaseaux, misionero de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, quien se desempeñó como párroco en Curarrehue (Chile) para convertirse luego en el primer Obispo de Osorno. En nombre de dicha Orden, participó de la Misa el sacerdote capuchino Pastor Salvo; y en representación de Curarrehue asistieron el párroco de San Sebastián de Curarrehue, P. Janusz Furtak SchP, y su vicario, P. Andrzej Lisiak SchP. También estuvieron presentes sacerdotes de las delegaciones de Lanco, Loncoche y el Seminario Mayor San Fidel. En su homilía, Mons. Stegmeier destacó que la Cuaresma es tiempo especial de oración, y a la vez tiempo de escucha de la Palabra de Dios. Al referirse al Evangelio, el prelado señaló que los samaritanos creyeron porque escucharon a Jesús: “Escuchando a Jesucristo se llega realmente a la fe, esa fe que nos hace saber quién es el Señor, quién es Jesús”, subrayó.  “La mujer samaritana nos da un ejemplo de cómo vamos avanzando en nuestra vida espiritual, cómo crecemos en nuestra condición de cristianos”, reflexionó, ya que primero lo ve como un judío, luego como un profeta, y concluye en que Él es el Mesías. “Nosotros estamos llamados justamente a crecer en nuestra fe, creer más y más en Jesús”, exhortó, con el don de la fe que se nos da en el Bautismo y que es una semilla que crece con la escucha de la Palabra de Dios. Por eso, rogó: “Señor, auméntame la fe”. “Tenemos sed, tenemos hambre y tratamos de saciar esa sed espiritual, esa hambre de sentido de vida a través de tantas cosas…”, lamentó. Sin embargo, “al final el corazón queda completamente insatisfecho”, señaló.  Recordando las palabras de Jesús, dijo: “Quien venga a mí, nunca más tendrá hambre. Quien crea en mí, nunca más tendrá sed”. Esa sed de vida eterna, de salvación, de alegría y de paz, “solamente la sacia el Señor”, sintetizó. En ese marco, animó a ser como la samaritana, que no se queda “encerrada en este conocimiento de Cristo”, sino que lo da a conocer a los demás. “Siempre el encuentro con Cristo nos lleva a la misión, para que conozcan lo que nosotros ya hemos conocido”, afirmó. Finalmente, animó a amar al Señor con todo el corazón y poner en él nuestra esperanza. “Que esta celebración de la Santa Misa sea para hoy día nosotros ocasión de crecer en la esperanza, crecer en la fe, crecer en el amor, crecer en la confianza, crecer en la paz”, rezó. Finalizada la Eucaristía, se llevó a cabo un festival con música folclórica argentina y chilena. Peregrinos, diáconos y sacerdotes compartieron danzas típicas de ambos países, y luego los presentes participaron de un picnic que tuvo como premisa el cuidado del Parque Nacional. Durante la jornada, se informó que, a partir del próximo año, el encuentro será cada primer sábado de marzo. La próxima cita en el Cristo del Tromen quedó fijada para el sábado 6 de marzo de 2027.