04 de mayo de 2026

El sacerdote y teólogo Eduardo Toraño, de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso (UESD), animó a seguir las actitudes de la Virgen María para preparar la solemnidad de Pentecostés, que se celebra el domingo 24 de mayo. En conversación con ACI Prensa, el director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la UESD, expuso que Pentecostés es “la actualización y vivencia de la experiencia que tuvieron los primeros discípulos que recibieron el Espíritu Santo». Este supuso “un cambio trascendental por el que pasaron de estar encerrados en el cenáculo a ir por todo el mundo”. Como el misterio de la encarnación de Cristo, la venida del Espíritu Santo sobre el colegio apostólico y la Virgen María constituye “un antes y un después” en la historia, “porque es el momento en que se expande el mensaje del Evangelio”. Al mismo tiempo, “es un momento privilegiado para recibir una nueva efusión del Espíritu Santo” que los cristianos hemos recibido en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación.  El P. Toraño añade que también, gracias a la efusión del Espíritu Santo durante la consagración en la Eucaristía, podemos recibir a Jesucristo a través del pan transformado en su cuerpo.

“Docilidad, apertura, obediencia y confianza” Para prepararnos mejor, a dos semanas de la celebración de esta fiesta, el P. Toraño propone imitar las actitudes de la Virgen María ante el misterio de la encarnación: “La docilidad, la apertura, la obediencia y la confianza”.  Para ello, animó a invocar al Espíritu Santo «sabiendo que se cumple la promesa de Jesús. Pedir y recibiréis. Si pedís al Espíritu Santo se os concederá”.  “Otras peticiones no se tienen por qué conceder, no está prometido que se vayan a realizar. Pero pedir el Espíritu Santo sí está prometido que se cumplirá”, subraya. Ligada a esta petición, el P. Toraño incide en que “la oración es fundamental”, tanto de forma personal como comunitaria, buscando «espacios y lugares donde poderse reunir para orar” o donde ya se hagan de forma regular invocaciones al Paráclito.  En tercer lugar, otra manera de imitar las actitudes de la Virgen María para recibir mejor al Espíritu Santo en Pentecostés es “cuidar más los sacramentos”. En concreto, la recomendación del P. Toraño es asistir a “la Eucaristía diaria”, porque «es una gran preparación”.

Un curso para conocer los carismas del Espíritu Santo En Pentecostés, los apóstoles recibieron los dones del Espíritu Santo, que se pueden clasificar en santificantes, “para el propio crecimiento”, y carismáticos, “para el crecimiento de los demás” y de la Iglesia.  Para conocer de manera más profunda los dones carismáticos, la UESD ofrece, pasada la fiesta de Pentecostés, un curso sobre estos carismas que puede seguirse de manera presencial, online o en diferido.  “Santo Tomás distingue dos tipos de gracia: gracia gratum patiens, que es la gracia que nos hace gratos a Dios, que son los dones santificantes. Y la gratia gratis data, que son los dones carismáticos o carismas, que son gracias que se dan gratis a los demás”, detalla el P. Toraño.  Así, durante el curso que consta de cuatro sesiones, se abordará el significado profundo de los carismas; su diversidad, distinguiendo entre los ordinarios y los extraordinarios; cuál es misión, centrada en “edificar la Iglesia y dar vida a los demás” y, por último, saber cómo reconocerlos en la vida cristiana. Se trata de descubrir que, como dice la Constitución Dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II Lumen gentium, “no es algo del pasado, meramente, no es algo que sucedió en la Iglesia primitiva, como vemos en los Hechos de los apóstoles. Sigue sucediendo hoy, la Iglesia sigue siendo carismática”.  “San Juan Pablo II ya dice que los carismas son esenciales en la Iglesia. Carisma e institución son coesenciales. Los carismas y los ministerios son coesenciales. Por lo tanto, es un elemento esencial de la vida de la Iglesia”, subraya el experto.  Los carismas no son «algo accesorio, ni de unos pocos, sino que todos los miembros de la Iglesia, por el bautismo hemos recibido los dones del Espíritu Santo, para la propia santificación, pero también tenemos carismas que conviene conocer, cuidar y cultivar. Porque un carisma que no se ejercita, pues se muere”.