23 de octubre de 2026
Evangelio Lucas 12, 54-59
Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo».
Reflexión La capacidad de interpretar los signos de los tiempos exige una profunda honestidad con nosotros mismos. Jesús confronta a la muchedumbre por su agudeza para predecir el clima, al mirar las nubes o el viento, mientras permanece ciega o indiferente ante la presencia de la gracia que tiene enfrente. El Señor nos urge a juzgar por nosotros mismos, lo que es verdadero, a ponernos de acuerdo con aquel con quien tenemos alguna diferencia mientras vamos de camino en la vida, recordándonos la urgencia de sanar las deudas del alma y no dejarlo para otra ocasión o esperando que las cosas pasen. Vivir con esta claridad espiritual implica salir de una ceguera voluntaria y de nuestra zona de confort.
Con frecuencia demostramos una gran habilidad para analizar los problemas del mundo o de alguien más, las faltas ajenas o los aspectos materiales de la vida, pero descuidamos el estado de nuestro propio interior, nuestra madurez espiritual, nuestro crecimiento.
Postergar el arrepentimiento o mantener rencores acumulados bajo la excusa de que ‘no es para tanto’ o que ‘no pasa nada’, puede ser peligroso porque esto endurece el corazón y entorpece también nuestra unión con Dios.
Aprender a discernir lo que conviene para nuestro bien espiritual se manifiesta en la prisa por buscar esa reconciliación y esa paz con el Señor. Se ejercita al reconocer con humildad nuestras propias faltas, sin querer trasladar la culpa a los demás; cuando damos el primer paso para reparar un malentendido y saldar rápidamente las deudas de perdón o de justicia que tenemos pendientes.
Quien camina en la verdad busca arreglar sus cuentas en el presente, durante el camino y no lo deja para después. San Gregorio enseñaba, ‘no dejes para mañana lo que puedes sanar hoy’. La vida es un camino breve y es prudente ponerse de acuerdo con Dios antes de llegar al tribunal.
Debemos revisar si estamos posponiendo alguna reconciliación o si guardamos una actitud injusta con alguien; siempre hay oportunidades para dar el paso hacia la paz: pedir perdón con sencillez, saldar esa deuda pendiente o ceder en nuestra postura para restaurar una relación dañada. No dejes que se pase el tiempo para poner en orden tu vida interior.
QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE
