28 de octubre de 2026

Evangelio Lucas 6, 12-19

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Reflexión

Hermanos, hoy celebramos a san Simón y san Judas, dos de los Doce que Jesús eligió para continuar su misión. Y el Evangelio comienza con algo que no debemos pasar por alto: ‘Jesús se retiró a la montaña para orar y pasó toda la noche en oración a Dios’.
Antes de elegir a sus Apóstoles, Jesús ora, no toma una decisión importante sin entrar primero en comunión con el Padre. San Juan Crisóstomo veía en las vigilias de Jesús una enseñanza para nosotros, la oración no es un accesorio de la vida cristiana, sino la fuente desde donde debemos actuar.
Después de aquella noche, Jesús llama a los Doce; el número Doce recuerda a las doce tribus de Israel: Dios está formando en Cristo el nuevo Pueblo de Dios. El Catecismo enseña que Jesús constituyó a los Doce como un colegio o grupo estable y puso a Pedro al frente de ellos.
Aquí encontramos una profunda figura cristológica y eclesiológica: Cristo es quien llama, pero también quien edifica su Iglesia. El Concilio Vaticano II enseña que los Apóstoles recibieron de Cristo una misión que continúa en sus sucesores, los obispos. Lumen Gentium afirma que los obispos son sucesores de los Apóstoles y que su ministerio es un verdadero servicio al Pueblo de Dios.
Esto también toca nuestra vida, muchas veces queremos servir a Dios desde nuestras propias fuerzas, pero la experiencia pastoral enseña algo sencillo: cuando primero oramos, aprendemos a escuchar; y cuando escuchamos, podemos servir mejor.
San Simón y san Judas nos recuerdan que Jesús no llama solamente a personas extraordinarias, llama a personas concretas y las transforma mediante su gracia. Hoy, antes de tomar una decisión importante, detengámonos unos minutos delante de Dios y preguntémosle: “Señor, ¿qué quieres que haga yo por tu Reino?” Después, hagamos concretamente aquello que el Señor nos muestre.
QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE