03 de marzo de 2026
La entrada en vigor de la prohibición de acceso de organizaciones no gubernamentales (ONG) a la Franja de Gaza, impuesta por Israel, amenaza con agravar aún más la ya funesta situación humanitaria en el enclave palestino. La población civil se encuentra “al límite de sus fuerzas”, afirma el único párroco católico en la zona, el P. Gabriel Romanelli. Según confirmó el COGAT —organismo del Ministerio de Defensa israelí que coordina las actividades gubernamentales en los Territorios—, Israel ha procedido al cierre de todos los pasos fronterizos de acceso a la Franja tras la escalada bélica en Oriente Medio relacionada con los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos contra Irán. De momento, no se ha indicado una fecha para la reapertura.
Cerrada la única vía de entrada de ayuda humanitaria Los pasos fronterizos constituyen la única vía de entrada de ayuda humanitaria y bienes de primera necesidad, así como de salida para pacientes que requieren atención médica fuera de Gaza. Su cierre, advierte el P. Romanelli, puede agravar una situación ya extremadamente comprometida, especialmente en la ciudad de Gaza, donde se concentra una parte significativa de la población desplazada. “El panorama es trágico, terrible”, afirma el sacerdote en declaraciones a Vatican News. “La ayuda humanitaria llega, pero no es suficiente”, explica, subrayando que, aunque los grandes bombardeos han cesado, la asistencia no alcanza para cubrir las necesidades de todos. Hace unos días, la Suprema Corte de Israel suspendió temporalmente la prohibición impuesta a 37 organizaciones humanitarias —entre ellas Médicos Sin Fronteras y Oxfam — que no pueden cruzar los pasos fronterizos, aunque continúan operando dentro de la Franja con fuertes limitaciones. Sin embargo, el cierre total decidido por el COGAT agrava aún más el escenario.
Precios altos y población sin recursos En los mercados han reaparecido algunos productos como fruta, carne y queso, que durante los meses más duros del conflicto prácticamente habían desaparecido. No obstante, los precios son inalcanzables para la mayoría. “Los precios son muy elevados y la mayoría de la población ni siquiera tiene la posibilidad de pagarlos”, señala el P. Romanelli. El problema, añade, no es sólo la disponibilidad de productos, sino la falta de ingresos: “La mayoría de la gente lo ha perdido todo: su casa, su trabajo, su salario”, añade. La crisis de los servicios básicos continúa siendo profunda. “Desde el inicio del conflicto no hay electricidad regular”, explica el párroco. Para generar energía se utilizan algunos generadores, pero el costo es muy alto. “Casi no hay paneles solares y, hasta ahora, parece que no se permite su entrada para responder a las necesidades de la comunidad y la sociedad”, agrega. El abastecimiento de agua es igualmente crítico. Aunque existen empresas que la distribuyen en algunos barrios, el suministro es insuficiente.“A veces, la gente tiene que esperar una, dos, tres o cuatro horas para obtener cinco, diez o quince litros de agua potable”, describe el párroco. En ciertos sectores existe lo que se denomina “agua municipal”, pero en la mayoría de los casos las infraestructuras han quedado destruidas por los bombardeos.
Impacto directo en la población y en la comunidad cristiana La prohibición de entrada de las ONG, vigente desde el 1 de marzo, tendrá —según el sacerdote— un impacto generalizado en la sociedad y también en la pequeña comunidad cristiana. “Habrá un impacto en toda la sociedad y también en la comunidad cristiana”, advierte. La ONG del chef español José Andrés, World Central Kitchen (WCK), una de las organizaciones que operan en Gaza y que distribuye alimentos a cientos o miles de personas, ha anunciado que se quedará sin alimentos para suministrar en la Franja de Gaza. » Lo mismo podría ocurrir con el agua potable”, agrega el sacerdote, señalando que una empresa dedicada a su distribución podría suspender sus actividades. “Si ya ahora es difícil, esto creará muchos problemas”, explica.
Esperanza frágil y llamado a la comunidad internacional En cuanto al estado de ánimo de la población, el P. Romanelli habla de una esperanza “llena de fe en Dios”, aunque más frágil respecto a la confianza en el ser humano. “La gente vive una gran depresión y trata de empezar de nuevo”, explica. La escuela parroquial continúa funcionando con un número reducido de alumnos, mientras en los mercados proliferan pequeñas iniciativas comerciales de supervivencia. Sin embargo, el sacerdote advierte que la situación no puede prolongarse indefinidamente: “No se puede seguir así. No es humano y no puede ayudar a la justicia y la paz”, explica. Por ello, lanza un llamado urgente: “Hay que encontrar soluciones ahora. La comunidad internacional, como siempre, está llamada a permitir realmente la entrada de una ayuda humanitaria consistente. Será necesaria no solo para la reconstrucción física, sino sobre todo para aquella moral y existencial de la vida de las personas aquí. Y esto contribuirá a la paz”, concluye, según recoge Vatican News.
