12 de junio de 2026
San Onofre de Egipto es recordado como uno de los ermitaños más conocidos de los primeros siglos del cristianismo. Su figura alcanzó gran popularidad tanto en Oriente como en Occidente durante la Edad Media, gracias al relato de una vida marcada por el aislamiento, la austeridad y la perseverancia. Según la tradición, vivió en la región de la Tebaida, en Egipto, y murió alrededor del año 400. Antes de retirarse al desierto, formó parte de un monasterio cercano a Tebas que reunía a un centenar de monjes. Sin embargo, decidió abandonar la vida comunitaria tras sentirse llamado a seguir el ejemplo de San Juan Bautista y adoptar una existencia eremítica. Su historia llegó a conocerse a través del abad San Pafnucio, quien lo encontró mientras discernía su propia vocación. Durante ese encuentro, Onofre relató las duras pruebas que enfrentó en el desierto. También explicó que durante años luchó contra fuertes tentaciones, aunque finalmente las superó gracias a la perseverancia. Pafnucio pasó una noche junto al anciano ermitaño y, al día siguiente, recibió una noticia inesperada. Onofre, considerado como uno de los «Padres del Desierto», aseguró que su muerte era inminente y que Dios había enviado al abad para darle sepultura. Poco después falleció y fue enterrado en una cavidad de la montaña.
