03 de marzo de 2026

Al Papa León XIV se le ilumina el rostro cuando habla de educación. Sus padres eran maestros y él mismo fue profesor de Matemáticas y Física antes de su ordenación. Prueba de que siempre ha considerado la enseñanza parte esencial de su identidad, es que en sus primeros meses de pontificado, su magisterio ya ha ofrecido valiosos textos sobre la misión educativa de la Iglesia o que haya proclamado a San John Henry Newman como co-patrono de los educadores, junto a Santo Tomás de Aquino. Ese vínculo con el mundo académico explica, en parte, la emoción vivida el pasado 18 de febrero de 2026 por una delegación de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo (USAT), de Chiclayo (Perú), de la que el Pontífice fue Gran Canciller entre 2014 y 2023, cuando ejercía como Obispo de Chiclayo. “Es un referente intelectual, espiritual y moral, que ilumina nuestras actividades diarias en la universidad”, afirma el ingeniero Alexander Querevalú Morante, docente de la USAT. “Impulsó la excelencia académica desde la fe, la razón y el profundo amor a Dios, así como el servicio a la comunidad”, añade, aún conmovido por el encuentro durante la Audiencia General. En la audiencia, el Pontífice bendijo una imagen de la Virgen de Guadalupe que Querevalú había llevado consigo en la maleta por encargo de su único hijo, de nueve años. “Hijo, te cumplí, está bendecida”, le dijo después por teléfono. “Mi hijo estaba muy feliz. Nos pusimos a llorar. Fue un momento maravilloso”, recuerda. Pese a la intensa agenda que mantenía como obispo diocesano, Prevost encontraba tiempo para visitar la universidad y animar a los docentes a dar lo mejor de sí mismos. “En su rostro reflejaba amor y una paz interior muy profunda. En los encuentros y en las Misas que presidía como Gran Canciller —al inicio del año académico o en los aniversarios— “transmitía una tranquilidad y un amor a Dios contagiosos”, asegura. La delegación desplazada a Roma estaba integrada por tres docentes y cinco estudiantes. Entre ellos se encontraba también el ingeniero Lucio Antonio Llontop Mendoza, profesor de la Escuela de Ingeniería Mecánica y Eléctrica desde 2011, quien subraya la huella que dejó en la comunidad universitaria la etapa del hoy Papa como Gran Canciller. Llontop Mendoza rememora un episodio especialmente significativo. En 2018, tras culminar una maestría, recibió su medalla y diploma en una ceremonia celebrada en el aula magna. “Cuando me llamaron, mis compañeros de la Facultad comenzaron a corear mi nombre: ‘¡Lucio, Lucio, Lucio!’”, relata. Fue entonces cuando el entonces Gran Canciller le impuso la medalla. “Me miró y me dijo: ‘Se ve que te quieren mucho’. Le respondí: ‘Sí, señor obispo’. Sonrió y me colocó la medalla. Fue un momento muy emotivo”. Aquel gesto, explica, le hizo comprender que la universidad es algo más que un espacio académico. “No sólo se trata de ser docente, sino de construir una amistad y una experiencia profunda e indescriptible”, afirma. Durante el reciente encuentro en el Vaticano, los profesores llevaron una bandera de la universidad. Al verla, León XIV sonrió, se acercó y los saludó con especial cercanía. “Nos dio la mano a todos y quiso que nos colocaran a su lado para tomarse una foto con nosotros. Fue un saludo lleno de cariño”, relata Llontop Mendoza. Para el docente, el acompañamiento pastoral del entonces obispo fortaleció la identidad católica de la USAT, integrando con naturalidad la excelencia académica con la formación ética y espiritual. Según señala, Prevost marcó una consolidación institucional, alentando a los profesores a vivir su vocación como un servicio a la sociedad.