10 de febrero de 2026

Austin Applebee, un adolescente australiano de 13 años, no dudó en ir en busca de ayuda para salvar la vida de su madre, Joanne, y sus dos hermanos pequeños, Beau y Grace, varados en mitad del océano. El joven nadó sin descanso durante cuatro horas, desafiando el fuerte oleaje e incluso a tiburones, hasta llegar a la orilla de la playa de Quindalup, en Australia Occidental. “No creo que fuera yo quien lo hizo, fue Dios todo el tiempo”, reveló a los medios locales el chico, hoy considerado un héroe nacional. La familia Applebee se encontraba en la playa disfrutando de actividades acuáticas con un kayak y dos tablas de paddle surf cuando el viento se intensificó de forma repentina y los arrastró mar adentro, hasta dejarlos atrapados a unos cuatro kilómetros de la costa. Con el paso de las horas, ninguna embarcación apareció para prestarles auxilio. A medida que se separaban de la orilla, el oleaje se volvía cada vez más intenso y mantenerse sobre las tablas resultaba casi imposible. Aunque llevaban chalecos salvavidas, no tenían agua ni comida. “Al principio no parecía que estuviéramos tan lejos de la costa”, explicó Joanne a la BBC. Por ello, pidió a su hijo mayor que nadara hasta la orilla en busca de ayuda. Austin no lo dudó y se armó de valor para salvar la vida de su familia. Durante la hazaña, rezó sin descanso e incluso le prometió a Jesús que se bautizaría. Con una humildad conmovedora, el adolescente atribuye su logro únicamente a Dios. “El domingo fui a la iglesia”, contó el joven en una entrevista posterior a un suceso que marcará su vida para siempre. “Estaba todo el rato pensando que lo iba a conseguir”, aseguró. Durante aquellas horas pasaron por su cabeza infinidad de recuerdos. Instantes con sus amigos del colegio, con su grupo cristiano, e incluso una serie de dibujos animados que le ayudó a pensar en cosas alegres. Pero Austin lo tenía claro: se repetía una y otra vez que lo lograría y que aquel día no iba a perder la vida.  Al llegar a la orilla, ya sin chaleco salvavidas, tuvo que recorrer dos kilómetros más para encontrar un teléfono y pedir auxilio. Una vez cumplida su misión, se desmayó abatido por el cansancio. “Sentía una gran culpa en mi corazón”, confesó aún conmovido el joven, quien temía no haber nadado lo suficientemente rápido como para salvar a su familia. Sin embargo, su madre y sus hermanos fueron finalmente rescatados con heridas leves tras pasar diez horas a la deriva en alta mar, ya entrada la noche.