10 de octubre de 2023

Fundada en 1958, la Hospitalidad Nuestra Señora de Lourdes de Madrid realiza esta semana su peregrinación número 100, una visita que desde hace décadas realizan juntos enfermos y voluntarios para encontrarse con Cristo de la mano de la Virgen.

Así lo inició un grupo de mujeres a mitad del siglo pasado, y hoy es una asociación dependiente del Arzobispado de Madrid que moviliza a centenares de personas dos veces al año.

A lo largo de las tres primeras décadas, hasta comienzos de los años 90 del pasado siglo, se peregrinaba una sola vez al año, en mayo. Desde entonces, salvo durante la pandemia por covid, se acude también en el mes de octubre a la gruta de Massabielle, donde la Virgen se presentó por primera vez a la pequeña Bernadette Soubirous el 11 de febrero de 1858.

Las peregrinaciones actualizan ese primer encuentro con la Virgen, quien se presentó en el dialecto local que podía entender la joven entonces analfabeta, como “Que soy era la Inmaculada Concepciou”, inscripción que permanece a los pies de la imagen que hoy se venera en el Santuario.

Durante los primeros años, los peregrinos de la Hospitalidad de Madrid se desplazaban hasta Lourdes en el conocido como “tren de la esperanza”, luego cambiado por modernos autobuses que permiten una mayor comodidad a los peregrinos, en especial a los que tienen problemas de movilidad.

Íñigo Baldasano es miembro de la Hospitalidad y peregrinó como camillero por primera vez cuando tenía 19 años, junto a su hermana, en octubre de 1991. Les animó su madre, que había peregrinado unos meses antes.

“Teníamos pavor por la poca experiencia que teníamos con enfermos (compis), pero por esa inquietud juvenil de probar todo, allí que fuimos” rememora para ACI Prensa.

En su primer viaje, en el tren, le pidieron que acompañara a un hombre en silla de ruedas al cuarto de baño: “Estaba solo, paralizado, incapaz de entender cuando él me decía ‘tella’.  Yo creía que me preguntaba ‘¿cómo te llamas?’ y le repetía mi nombre. Finalmente apareció un voluntario experto y vi la luz:  ‘Tella’ significaba botella”, algo de uso imprescindible para algunas personas.

A las tres de la madrugada, al llegar a Irún, en la frontera con Francia, se producía uno de los momentos más complejos de la peregrinación: “Había que mover del tren español a francés todo el material, el equipaje, compis [compañeros, referido a los enfermos y discapacitados] y voluntarios…”, recuerda Baldasano.

“Nada más llegar al hotel del primer viaje, juré con mi hermana no volver”, explica, tras otra mala experiencia. Sin embargo, “después del primer día, todo cambió”, reconoce, debido a “la experiencia religiosa, la humildad de las piscinas, el lugar, tantas cosas”.  Después de 30 años acudiendo a Lourdes de forma ininterrumpida, algunos doblando en octubre y mayo, Baldasano ha estado presente en 38 de las 100 peregrinaciones de la Hospitalidad.