20 de septiembre de 2025

Pyay (Agencia Fides) – «Los combates continúan y la población inocente sigue sufriendo en el estado birmano de Rakhine», afirma a la Agencia Fides Peter Tin Wai, obispo de Pyay, ciudad clave del estado de Rakhine (o Arakan), desde donde dirige una diócesis que abarca todo el territorio estatal.

Entre los últimos episodios de violencia, ha causado dolor e indignación el ataque aéreo del ejército birmano del 12 de septiembre contra dos escuelas privadas en Kyauktaw, que dejó 20 jóvenes muertos, con edades entre 15 y 21 años. El ejército regular lucha contra el Ejército de Arakan (AA), fuerza étnica que controla la mayor parte de Rakhine, incluidos 14 de los 17 municipios. Al haber perdido posiciones sobre el terreno, el ejército birmano recurre a bombardeos aéreos que también afectan a edificios y viviendas civiles. UNICEF ha expresado su «extrema preocupación», subrayando que el ataque «se suma a un patrón de violencia cada vez más devastador en Rakhine, donde los niños y las familias pagan el precio más alto».

Los combates se mantienen intensos a lo largo de la frontera oriental del estado, línea del frente donde el Ejército de Arakan ha repelido a las fuerzas de la junta. «En gran parte del estado, el poder está en manos del AA; allí no hay comunicaciones, el sistema educativo está gravemente afectado y la gente lucha por sobrevivir», explica el obispo Tin Wai.

«La diócesis cuenta con unas 12 parroquias activas en territorios bajo control del AA: los sacerdotes acompañan a la población, trabajando para garantizar la vida cotidiana, la subsistencia material, la celebración de los sacramentos y el mantenimiento de las iglesias abiertas en medio del sufrimiento». De los aproximadamente 30.000 fieles de la diócesis, la mitad vive en áreas controladas por el Ejército de Arakan, mientras que la otra mitad se encuentra en los municipios de Sittwe, Kyaukpyu y Munaung, aún bajo control del ejército.

«La situación provoca desplazamientos constantes: refugiados se trasladan a Pyay o abandonan Rakhine en busca de seguridad en Yangon», informa el obispo. «Falta arroz, y muchos carecen de educación y atención sanitaria. Las familias buscan zonas donde los servicios esenciales, como las escuelas, todavía funcionen».

La guerra afecta también a los jóvenes: «Los civiles se ven atrapados entre dos ejércitos enfrentados; ambos han impuesto el servicio militar obligatorio, forzando a los jóvenes a alistarse. Por eso muchos huyen al extranjero, y la sociedad pierde sus mejores energías».

En el ámbito pastoral, Tin Wai subraya: «Con medios limitados, los sacerdotes y consagrados tratan de consolar a los afligidos. La fe sigue viva a pesar de la guerra; de hecho, en tiempos de dificultad, la gente se acerca a Dios con mayor intensidad y fervor».

«Existen grupos armados por todas partes –continúa- y el futuro es incierto. Cada día es un regalo de Dios. En esta guerra civil que devasta la nación, mientras no haya un diálogo nacional, nadie ganará y todos serán perdedores. Rezamos por la paz y pedimos que otros se unan a nosotros. En este momento de angustia, la Iglesia predica paz y esperanza e implora a Dios que ponga fin a esta tribulación».
(PA) (Agencia Fides 19/9/2025)