16 de febrero de 2026

“Este año, el mes sagrado del Ramadán y el tiempo de la Cuaresma (con el Miércoles de Ceniza) comienzan juntos el 18 de febrero. Este inicio compartido es una gracia. Nos invita a desacelerar, a volver a Dios y a caminar juntos en la fe”, afirma el obispo Colin C. Bagaforo, presidente de la Comisión de los Obispos Filipinos para el Diálogo Interreligioso, en un mensaje dirigido a los creyentes de ambas comunidades, la cristiana y la islámica.
Las dos comunidades están presentes en Filipinas, país de 100 millones de habitantes, con una población mayoritariamente católica (90%), donde vive también una comunidad musulmana de casi siete millones de personas, concentrada sobre todo en la isla de Mindanao, en el sur del archipiélago.
El obispo explica a la Agencia Fides, al ilustrar su mensaje: “Se puede decir que entre cristianos y musulmanes en Filipinas existe un espíritu de tolerancia. Y cuando se producen episodios de conflicto, a veces marcados por la violencia, suelen tener un carácter más político o estar relacionados con cuestiones de posesión de tierras”. El prelado no subestima, sin embargo, los desafíos: “Debido a algunas diferencias culturales, todavía existe una mentalidad cerrada que dificulta la convivencia en determinadas comunidades. A veces, los cristianos no se sienten cómodos viviendo junto a los musulmanes y viceversa. Pero en los últimos 20 años se han registrado muchos avances y, por ambas partes, se ha intentado construir una relación armoniosa entre las dos comunidades”.
En su mensaje, el obispo destaca que, durante el Ramadán y la Cuaresma, “musulmanes y cristianos entran en un tiempo de oración, ayuno, arrepentimiento y generosidad”. Esto impulsa a “aprender o volver a verse como hermanos y hermanas”. “Nuestros textos sagrados nos llaman a la paz: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz’ (Mt 5,9) y ‘Dios invita a todos a la Casa de la paz’ (Corán 10:25). En un mundo marcado por la violencia y la división, este momento nos llama no solo a rezar por la paz, sino a vivirla y comprometernos con ella. El Ramadán y la Cuaresma nos recuerdan que la fe debe transformar el corazón y modelar nuestras acciones. El ayuno abre nuestros ojos al sufrimiento y aumenta nuestra compasión. El amor de Dios se manifiesta en el amor al prójimo, especialmente hacia los pobres y los olvidados”.
La paz -recuerda el obispo- “más que la ausencia de guerra, es la relación justa: con Dios, con los demás y con la creación”. “Hemos sido creados para vivir juntos, no unos contra otros. Esta visión de fraternidad resuena profundamente tanto en el Ramadán como en la Cuaresma. La paz crece donde se practica el respeto mutuo, donde el diálogo sustituye a la sospecha y donde la solidaridad se convierte en un estilo de vida”.
En Filipinas -recuerda mons. Bagaforo- “este espíritu de fraternidad se vive a través del Alay Kapwa, una ofrenda cuaresmal cuyo nombre significa ‘ofrenda al prójimo’. No es simplemente un acto de caridad, sino una forma de ver al otro como ‘kapwa’, una persona que comparte nuestra humanidad y nuestro futuro. A través del Alay Kapwa, la oración se convierte en servicio y el sacrificio se transforma en esperanza para las comunidades afectadas por la pobreza, los conflictos, los desastres y los daños ecológicos”.
El mensaje cita a la Santa Sede: “Guiados por el mensaje del León XIII para la Jornada Mundial de la Paz, ‘Hacia una paz desarmada y desarmante’, se nos recuerda que la verdadera paz no se construye con armas ni con el miedo. Se construye a través de la confianza, la justicia, el diálogo y la responsabilidad compartida”. Y concluye con un deseo: “Que esta vivencia compartida del Ramadán y la Cuaresma se convierta en una oración viva, una oración hecha fraternidad y compasión. Que Dios, misericordioso y compasivo, guíe nuestros pasos y nos haga instrumentos de su paz”.
(PA) (Agencia Fides 16/2/2026)