05 de mayo de 2026
¿Puede sobrevivir una congregación religiosa después de que su fundador resulte ser un abusador sexual y un mentiroso que llevó durante años una doble vida? Los Legionarios de Cristo llevan veinte años respondiendo a esta pregunta con hechos. Fueron pioneros en publicar los casos de sus sacerdotes abusadores —un gesto inédito en la vida consagrada— y en someter 80 años de historia oscura al escrutinio público. Hoy son un referente eclesial en transparencia. Ahora, el P. Carlos Gutiérrez López, de 51 años y nuevo superior general elegido en febrero, habla con ACI Prensa sobre lo que queda por recorrer. Un camino de expiación que, si bien comenzó en 2006, tuvo un punto de inflexión en 2019 con la publicación del Informe 1941‑2019: el primero de este tipo que incluyó todos los casos desde el origen de la congregación hasta la actualidad y en todo el mundo y que se actualiza desde entonces cada año con los Informes Verdad, justicia y sanación. “Desde que hemos iniciado con esta realidad con la que nos enfrentamos, si bien fue muy dolorosa, también nos abrió los ojos: había mucho trabajo por hacer; los últimos años hemos venido trabajando mucho en cumplir estándares, siguiendo los documentos que va mandando la Iglesia, colaborando con las autoridades canónicas y civiles; hemos ido poniendo un cierto orden para poder atender y responder a las necesidades de las víctimas y dar una atención integral en distintos aspectos”, asegura el P. Gutiérrez López.
Su vocación sacerdotal, atravesada por la herida que dejó Maciel Su propia historia vocacional estuvo marcada por el escándalo que sacudió a la congregación a causa de su fundador, el mexicano Marcial Maciel, responsable de gravísimos abusos sexuales. El P. Gutiérrez López fue ordenado sacerdote en 2009, justo cuando salía a la luz la magnitud de sus crímenes: había corrompido sexualmente a decenas de menores durante varias décadas y había llevado, según confirmó el Vaticano en 2010, «una vida carente de escrúpulos y de verdadero sentimiento religioso». “Definitivamente fue algo muy fuerte, algo que a todos nos dejó muy perplejos, asustados, desilusionados también. Y eso significó para mí un proceso de reflexión muy profundo en donde (yo tuve que) decir por qué yo estaba entregando mi vida a Dios y la pregunta, por qué seguir aquí también”, reconoce en conversación con ACI Prensa. Maciel falleció en 2008 sin haber reconocido sus crímenes ni haber pedido perdón a pesar de que una comisión de investigación del Vaticano ya había desvelado sin ningún género de dudas sus actividades delictivas.Tras el escándalo, explica el P. Gutiérrez López, la figura del fundador dejó de ser un referente: “Definitivamente el fundador deja de ser un referente espiritual, un referente moral para nosotros. Y para mí ese referente yo veía que siempre había sido nuestro Señor Jesucristo, a quien buscamos imitar, con quien buscamos también tener esa relación personal”.
Benedicto XVI vio la luz que había en ellos A pesar de todo el mal cometido por el fundador, Benedicto XVI nunca dejó de reconocer en los Legionarios de Cristo “una comunidad sana”, formada por “personas jóvenes que quieren servir con entusiasmo a la fe”, como el propio Pontífice subrayó en el libro-entrevista con Peter Seewald, Luz del mundo. Desde el primer momento, el Vaticano estableció que la revisión de la congregación debía articularse en torno a tres ejes fundamentales: la redefinición de su carisma o espiritualidad; la revisión del ejercicio de la autoridad —cuyo control abusivo de las conciencias permitió a Maciel llevar durante años una doble vida—; y la garantía de una formación adecuada para seminaristas y sacerdotes. Además, para completar el largo proceso de purificación se activó un diálogo constante con las víctimas de dentro y fuera de la Legión. “La iglesia nos fue acompañando en todo un proceso de renovación. Revisamos constituciones, revisamos mucho las normas que teníamos viviendo en la congregación, el estilo de apostolado que hacíamos… en fin, fue toda una revisión de muchos años”, explica el P. Gutiérrez López. Para muchos seminaristas y sacerdotes legionarios, resultó decisivo el apoyo de la Iglesia, que —como una “madre”— fue “indicando el camino”, subraya. “Al ver cómo la Legión iba respondiendo, yo decía: pues yo también quiero ayudar a la Iglesia con mi sacerdocio a sacar adelante esta congregación, porque la congregación también puede aportar y dar mucho a la iglesia en la evangelización. Al final estamos aquí pues para servir a Dios nuestro Señor, en la Iglesia, y en este llamado que Él me hizo y que a medida que he ido paso a paso yo me he sentido muy feliz y pues eso ha sido mi experiencia también”, comenta.
Primer encuentro con el Papa León XIV En la audiencia que mantuvieron con León XIV en febrero, el Pontífice retomó algunos de los puntos clave de la honda renovación que han llevado a cabo los legionarios en fidelidad a la Iglesia. Por ejemplo, ante ellos subrayó que la autoridad en la Iglesia debe vivirse como un servicio fraterno y espiritual y no como una forma de dominio. Para el sacerdote mexicano, se trata de un ideal exigente pero profundamente evangélico. «Sí, esa parte me gustó mucho a mí de la audiencia», afirma. Destaca especialmente el momento en que el Papa invitó a los legionarios a acercarse a las personas «con una mirada de compasión», consciente de que cada encuentro implica entrar «en un espacio, en un lugar sagrado». A partir de su propia experiencia como superior y como superior provincial en el norte de México y en Colombia, explica que siempre tuvo claro que la autoridad es ante todo un servicio: “Para mis hermanos yo les estoy dando un servicio, (…) lo que me estén compartiendo es algo sagrado y yo tengo que respetar esa sacralidad”, subraya. El P. Gutiérrez López no es un hombre ingenuo. Sabe bien que quizá muchas personas se pregunten cómo es posible separar los actos deplorables del fundador, responsable de tantos delitos, del carisma que hoy en día encarnan los Legionarios de Cristo. “Es una cuestión válida”, zanja. En este sentido, señala que fue la propia Iglesia la que “desde el principio”, cuando pidió a los legionarios “revisar nuestras constituciones, la pregunta que está a la base es reflexionar sobre cuál es su carisma, cuál es el carisma y la aportación que la legión hace”. “El carisma creo que es algo que hemos ido descubriendo y no es otra cosa que el formar apóstoles para transmitir el amor de Cristo, para formar apóstoles y enviarlos también a evangelizar el mundo y ayudar a la Iglesia en esta evangelización”, detalla. Según las estadísticas de la congregación, actualizadas al 31 de diciembre de 2025, los Legionarios de Cristo suman 1.327 miembros en todo el mundo, de los cuales 52 son religiosos con votos perpetuos y 151 con votos temporales. A pesar de las heridas del pasado, siguen despertando vocaciones: actualmente 250 seminaristas menores se forman en los centros vocacionales, reflejando el peso que sigue teniendo la formación inicial dentro de la congregación. Los legionarios de Cristo pertenecen al Regnum Christi, que está formado también por las Consagradas del Regnum Christi, con 479 consagradas en 53 comunidades por todo el mundo, los laicos del Regnum Christi, con 47 laicos consagrados en 8 comunidades, y laicos: 21.712 laicos jóvenes y adultos mayores de 16 y 14. 353 laicos menores de 16 años. En la obra educativa del Regnum Christi (139 colegios y 14 universidades) se forman 153.219 alumnos. El nuevo superior general explica que una de las claves para erradicar el abuso de su seno ha sido aplicar con premura los estándares de protección de menores y adultos vulnerables en los 23 países donde está presente. “Estos últimos años hemos sido muy estrictos en ir aplicando estos estándares, en perfeccionarlos para vivirlos bien. En cada uno de los países donde estamos trabajando hemos buscado tener los equipos necesarios para que puedan responder, de profesionales; son cosas que no podemos hacer solo los sacerdotes, que tenemos que tener personas especialistas, psicólogos, abogados… en fin, para que nos ayuden a verdaderamente ser muy serios en el cumplimiento de estos estándares”, destaca.
Un sacerdote ingeniero con una gran trayectoria internacional De carácter afable y cercano, el P. Gutiérrez está habituado a moverse en contextos internacionales. Ha estudiado Filosofía y Teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, así como Ingeniería Industrial y de Sistemas en el Instituto Tecnológico de Monterrey, y cuenta además con un máster en Psicología por la Divine Mercy University de Estados Unidos. Ha desarrollado su ministerio en Chile, Italia, Colombia, Venezuela y México. “Ha sido una riqueza el poder tener esa experiencia, el poder estar en contacto con distintas culturas, el conocer las necesidades de cada país, el aprender a estar al escucha, el hacerse a cómo es una sociedad, una cultura, el entenderlos para poder brindarles y llevarles ese mensaje que lleva a la Iglesia, que es el conocer a Cristo, el vivir su fe, y creo que eso también pues ha sido un enriquecimiento en lo personal, para ahora que mis hermanos legionarios me han elegido para este cargo, poder responder y acompañar pues a los distintos territorios”. Hasta su elección como superior general, ejercía como director territorial del norte de México, una región profundamente herida por la violencia, la pobreza, el crimen organizado y los flujos migratorios hacia Estados Unidos. Inmigrantes —muchos de ellos deportados— para quienes los legionarios tratan de ser también un bálsamo frente al sufrimiento. “Toda la situación de los inmigrantes y el crimen organizado, verdaderamente hace sufrir a muchas familias que se ven afectadas por esta realidad. Nosotros lo que buscamos, ante todo, es formar a los jóvenes y a las familias, infundirles valores, precisamente para que puedan ir cambiando su entorno social”, señala. En este contexto, explica que junto a los colegios privados que la congregación mantiene en las ciudades del norte del país, funcionan también los llamados colegios Mano Amiga, destinados a familias con escasos recursos y sostenidos mediante subvenciones y becas. El objetivo es ofrecer a estos menores una formación que les permita acceder a una profesión y a estudios universitarios, “una forma de cambiarles el destino de sus vidas, abrirles horizontes y, sobre todo, formarles en valores para que puedan transformar su entorno”. Con su elección en el último Capítulo General, los Legionarios de Cristo confían al P. Gutiérrez la tarea de continuar el proceso de renovación emprendido por la congregación y de impulsar su servicio evangelizador con especial atención a las periferias existenciales.
