18 de febrero de 2026
A 15 años de la independencia, no hay tregua para los más de 12 millones de habitantes del país más joven del mundo, Sudán del Sur. Décadas de conflicto y aislamiento – debidas inicialmente a la guerra entre 1955 y 2005-, han provocado una devastadora crisis humanitaria que continúa afectando a toda la población. Tras alcanzar la independencia de Sudán en 2011, entre 2013 y 2018 estalló en el país un nuevo conflicto interno a causa de disputas entre las principales autoridades institucionales de la joven República. El conflicto terminó oficialmente en septiembre de 2018 con la firma entre las partes de un acuerdo de paz (el Revitalized Agreement on the Resolution of the Conflict in the Republic of South Sudan (R-ARCSS) (véase Fides 20/9/2018). Sin embargo, la situación sigue siendo difícil y el proceso de paz continúa en riesgo (véase Fides 5/3/2025).
En las últimas semanas se ha registrado una nueva escalada de violencia entre el ejército y las fuerzas de oposición. Según un informe reciente de UNICEF, desde finales de diciembre de 2025 se han intensificado los enfrentamientos, especialmente en las regiones septentrionales y centrales del país. En el estado de Jonglei, al menos 280.000 personas se han visto desplazadas; la mayoría son mujeres y niños, expuestos al riesgo de ser asesinados, mutilados o reclutados por grupos armados. Mientras tanto, aumentan la desnutrición y la hambruna, el sistema sanitario está colapsando y se propagan enfermedades como el cólera y la malaria.
En este contexto de extrema precariedad se sitúa el mensaje cuaresmal del obispo de la Diócesis de Tombura-Yambio, Barani Eduardo Hiiboro Kussala, quien el pasado 16 de febrero ha invitado a todos los fieles a vivir un tiempo de conversión, sanación y esperanza. “Nuestra Diócesis se encuentra afrontando numerosos desafíos: odio, divisiones tribales, manipulación de los jóvenes, traición, violencia selectiva, divorcios forzados, pobreza y enfermedades que afectan a nuestras comunidades. La Cuaresma no es solo un período de ayuno, – subraya el obispo – sino un tiempo de renacimiento espiritual, responsabilidad social y sanación comunitaria. Estamos invitados a volver a Dios, a restablecer las relaciones y a construir comunidades de reconciliación y solidaridad. Que cada parroquia, familia y cada individuo se comprometa a volver a Dios, a restablecer la paz y a sostener a los más vulnerables”, concluye Kussala.
(AP) (Agencia Fides 18/2/2026)
