24 de febrero de 2026
Este 23 de febrero en la parroquia del Santísimo Redentor de Ciudad de México, el P. Joaquín Frausto Nájera, superior provincial de los Misioneros Redentoristas, propuso cuatro consejos prácticos para vivir la Cuaresma sirviendo a Cristo en el prójimo. Durante la Eucaristía centrada en el Evangelio de Mateo 25, 31-46, el sacerdote subrayó que el criterio definitivo del juicio de Dios no será acumular méritos externos, sino la caridad hacia los más vulnerables. “Curiosamente lo que define el destino de los personajes no es cuántos rezos acumularon o qué títulos ostentaron, sino cómo reaccionaron ante la vulnerabilidad del otro”, afirmó. El P. Frausto añadió: “El Reino no está en el palacio; está en la fila donde hay necesidad, en la fila del hospital, en la celda de la cárcel o en el frío de la calle”.
“La santidad tiene olor a prójimo” El superior provincial de los redentoristas cuestionó que“a veces pensemos “que la santidad es un estado místico de aislamiento”, cuando, en realidad, “Jesús nos dice lo contrario: la santidad tiene olor a prójimo”. Asimismo, alertó sobre el pecado de omisión: “El pecado aquí no es hacer cosas malas, sino el pecado de omisión: ver la necesidad y pasar de largo. La indiferencia es el verdadero opuesto al amor”. Citando al Papa Francisco, recordó: “No podemos tocar a Dios si no tocamos las llagas de Cristo en los sufrientes”. Y remarcó que “al final de nuestra vida no se nos preguntará por nuestras intenciones, sino por nuestras acciones”.
Cuatro acciones concretas para esta Cuaresma Tras invitar a los fieles a meditar personalmente el texto evangélico, el P. Frausto propuso acciones concretas para vivir la caridad durante la Cuaresma.
1. Compartir alimento con quien lo necesita “Cada vez que vayas al supermercado, compra algún producto no perecedero básico —arroz, legumbre, aceite— y busca la posibilidad de entregárselo a una familia que lo necesite”, exhortó, en referencia al pasaje: “Tuve hambre y sed”.
2. Acoger al forastero Al recordar la frase “Fui forastero y me recibiste”, señaló que en las ciudades es frecuente la llegada de personas de otros estados o países. “Si hay un vecino nuevo que ha migrado cerca de tu casa, acércate a saludarlo, invítale un café, porque la soledad del forastero se cura con comunidad”, aconsejó.
3. Donar con dignidad Sobre el “estuve desnudo y me vistieron”, pidió no entregar lo que está en mal estado. “No dones solamente lo que te sobra, lo que está roto. Si quieres hacer una donación, que esté en buen estado, limpia y digna. Si tú no te la pondrías por su mal estado, no se la des a ese pobre tampoco”, afirmó.
4. Visitar y acompañar al enfermo Finalmente, aludiendo a “enfermo y encarcelado y me visitaron”, animó a llamar o visitar a familiares ancianos que viven solos. “A veces la cárcel es la soledad de una casa donde el teléfono nunca suena. El enfermo no es sólo el del hospital, sino aquel que tiene el alma herida”, expresó. El sacerdote reconoció que quizá no todos podrán realizar todas las acciones propuestas, pero “a lo mejor una acción que pueda ser por el bien de un hermano que tenga necesidad”. Al concluir, pidió la gracia de reconocer a Cristo en el prójimo: “Hoy seguimos pidiendo al Señor su gracia, su bendición, que nos permita descubrirlo siempre en la persona de nuestros seres humanos”.
