22 de julio de 2026
Juan 20, 1-3. 11-18
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”.
Jesús le dijo: “¡María!” Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir “¡Maestro!” Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes””. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras. Palabra del Señor.
AQUÍ ALGUNAS IDEAS CLAVES CON EJEMPLOS PRÁCTICOS, PARA COMPRENDER MEJOR LA ENSEÑANZA DEL EVANGELIO
Al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena va al sepulcro y descubre que la piedra ha sido removida. Corre a avisar a Simón Pedro y al otro discípulo, pensando que alguien se ha llevado el cuerpo de Jesús. Más tarde, mientras permanece llorando junto al sepulcro, ve a dos ángeles y luego a Jesús resucitado, aunque al principio no lo reconoce. Cuando Jesús la llama por su nombre: «¡María!», ella lo reconoce y exclama: «¡Raboní!» (Maestro). Jesús le encomienda anunciar a los discípulos la gran noticia de su Resurrección. María va y proclama: «¡He visto al Señor!», convirtiéndose en la primera testigo de la Pascua.
Cinco ideas fuerza con ejemplos prácticos
1. El Señor Resucitado sale al encuentro de quien lo busca con un corazón sincero.
María Magdalena buscó a Jesús incluso en medio del dolor y las lágrimas. Su fidelidad fue premiada con el encuentro más grande de su vida.
Ejemplo práctico:
Muchas personas buscan a Dios después de perder a un ser querido o al atravesar una enfermedad. En medio de ese sufrimiento descubren que Cristo no las ha abandonado, sino que camina con ellas y les devuelve la esperanza.
2. Jesús nos conoce personalmente y nos llama por nuestro nombre.
El momento decisivo ocurre cuando Jesús pronuncia el nombre de María. Dios no ama a las personas en general; ama a cada uno de manera única.
Ejemplo práctico:
Un joven que se siente ignorado o sin valor puede descubrir, en la oración o en un retiro espiritual, que Cristo lo conoce, lo ama y tiene un proyecto de vida para él.
3. Las lágrimas pueden convertirse en el comienzo de una vida nueva.
María pasó del llanto a la alegría porque el Resucitado transformó su tristeza en esperanza.
Ejemplo práctico:
Una familia que pierde su trabajo o atraviesa una crisis económica puede descubrir, con fe y solidaridad, nuevas oportunidades y comprobar que Dios nunca deja de sostener a quienes confían en Él.
4. Quien encuentra a Cristo resucitado se convierte en misionero.
Jesús no permite que María se quede disfrutando sola del encuentro, sino que la envía a anunciar la Buena Noticia.
Ejemplo práctico:
Después de vivir una experiencia profunda de conversión, una persona comienza a servir en la parroquia, visita enfermos, participa en la catequesis o comparte con sencillez su fe con familiares y amigos.
5. La Resurrección cambia la manera de mirar la vida.
Donde María veía un sepulcro vacío, Jesús le mostró el comienzo de una creación nueva. La Pascua enseña que el amor de Dios es más fuerte que la muerte.
Ejemplo práctico:
En un mundo marcado por la violencia, las divisiones y el pesimismo, los cristianos están llamados a sembrar esperanza mediante pequeños gestos: reconciliarse con alguien, ayudar a un necesitado, defender la dignidad de los más débiles o acompañar a quien está solo.
Enseñanza central
El encuentro personal con Jesucristo resucitado transforma el dolor en esperanza, la tristeza en alegría y el miedo en una misión. Quien escucha la voz del Señor y lo reconoce está llamado a anunciar con su vida: «¡He visto al Señor!».
Oración final
Señor Jesús Resucitado,
como llamaste a María Magdalena por su nombre, llámanos también a cada uno de nosotros para que reconozcamos tu presencia en nuestra vida. Cuando el dolor nos haga llorar, danos la certeza de que Tú estás a nuestro lado; cuando el miedo nos paralice, llénanos de la fuerza de tu Espíritu; cuando perdamos la esperanza, recuérdanos que has vencido al pecado y a la muerte.
Haz que, como María Magdalena, sepamos buscarte con un corazón fiel, escucharte con atención y anunciarte con alegría. Que nuestras familias, comunidades y parroquias sean testigos vivos de tu Resurrección, llevando consuelo al que sufre, esperanza al desanimado y amor a quienes más lo necesitan.
María Magdalena, primera testigo de la Pascua, ruega por nosotros para que también podamos proclamar con nuestra vida y nuestras palabras: «¡He visto al Señor!» Amén.
QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE
