28 de octubre de 2026
Sus padres apenas practicaban la fe, pero Martina, enferma de cáncer, comenzó a hablarles de Jesús y la Virgen. Su historia conmueve hoy a Italia.
Martina Kluzer tenía apenas siete años cuando murió víctima de un cáncer especialmente agresivo. Pero antes de fallecer, el 7 de junio de 2007, esta niña italiana dejó tras de sí una historia extraordinaria que, casi veinte años después, está conmoviendo a miles de personas en Italia. Sus padres no eran católicos practicantes. Apenas iban a misa y nunca habían hablado a su hija de cuestiones religiosas. Sin embargo, durante su enfermedad, Martina comenzó a hablar de Jesús, de la Virgen María y del cielo con una naturalidad que desconcertaba a quienes la rodeaban. Aseguraba que veía a Jesús y a la Virgen, consolaba a otros enfermos y llegó a decirle a su madre que no tuviera miedo de su muerte porque en el cielo la esperaba la Virgen. Su historia acaba de ser recuperada en el libro Martina, il Cuore e la Rosa (Ediciones Ares), escrito por su madre, Giovanna Pupillo Kluzer, junto al periodista Riccardo Caniato. Publicaciones italianas como Avvenire, Gente, Credere, Città Nuova y Diva e Donna se han hecho eco de esta sorprendente historia de fe.
Una familia que vivía alejada de la Iglesia Martina nació el 8 de noviembre de 1999 en Trezzano sul Naviglio, cerca de Milán. Sus padres, Giovanna y Claudio, eran jóvenes trabajadores que llevaban una vida completamente normal. «Éramos creyentes absolutamente tibios y no practicantes», reconoce Giovanna. La pequeña era alegre, cariñosa y especialmente sensible al sufrimiento ajeno. Le preocupaban los niños pobres y decía que de mayor quería ser médica para curarlos. Todo cambió en 2005, cuando comenzó a sufrir fuertes dolores. Tras meses de pruebas y diagnósticos contradictorios, los médicos confirmaron que padecía un rabdomiosarcoma alveolar metastásico, un tumor muy agresivo. La noticia destrozó a sus padres. Pero fue precisamente Martina quien comenzó a consolarlos. «No estés triste, mamá, yo soy fuerte», le repetía. Mientras avanzaba la enfermedad, ocurrió algo que sus padres todavía consideran inexplicable: Martina comenzó a mostrar un profundo interés por la oración, la misa y la Virgen María.
«Mamá, he soñado con la Virgen» En marzo de 2006, una conocida de la familia regaló a Martina una estampa de María Rosa Mística, venerada en el santuario de Montichiari, cerca de Brescia. La niña pidió insistentemente a sus padres que la llevaran allí. Desde entonces comenzaron a acudir al santuario todas las semanas, mientras su salud se lo permitió. Según relata Giovanna, Martina empezó a contarle que veía a la Virgen y que hablaba con ella. En una ocasión le dijo: «Mamá, he soñado con la Virgen. Me ha preguntado si quería irme con ella». Su madre, angustiada ante la posibilidad de perderla, le preguntó qué había respondido. Martina explicó que había puesto una condición: quería que también estuvieran con ella sus padres, su hermana y sus abuelos. En otra conversación, la pequeña pronunció unas palabras que Giovanna nunca olvidaría: «Aquí en la tierra te tengo a ti, que eres la mamá más buena del mundo, y en el cielo tengo a la Virgencita que me espera. Cuando vaya al Paraíso, ella será mi mamá». Son experiencias relatadas por la familia, que las interpreta desde la fe.
«No lloréis por mí» En sus últimas semanas, el cáncer había provocado graves secuelas. Martina quedó paralizada y necesitaba permanecer en cama. El 24 de mayo de 2007, apenas dos semanas antes de morir, recibió la Primera Comunión y la Confirmación. Su madre cuenta que la niña rechazaba en ocasiones la morfina porque deseaba permanecer lúcida para rezar y, según decía, estar con Jesús y la Virgen. Martina falleció el 7 de junio de 2007, con siete años y medio. Antes había pedido a sus padres que no contemplaran su muerte únicamente con tristeza, sino también con la esperanza cristiana del encuentro con Dios. La niña que había nacido en una familia alejada de la práctica religiosa terminó convirtiéndose en el principal motivo de su acercamiento a la Iglesia.
Una historia que sigue dando frutos Casi veinte años después, Giovanna y Claudio continúan hablando de su hija y de la transformación que provocó en sus vidas. Su testimonio ha despertado interés entre numerosas familias, especialmente entre quienes han perdido un hijo o atraviesan una enfermedad grave. Según Giovanna, algunas personas les escriben para pedir oraciones y contarles cómo la historia de Martina les ha ayudado a recuperar la fe. El periodista Riccardo Caniato, coautor del libro, resume así lo que considera el primer gran fruto de esta historia: «El primer milagro de Martina fue reunir a su familia alrededor de Cristo». Para sus padres, aquella niña que parecía necesitar toda su protección terminó enseñándoles algo que nunca habían descubierto por sí mismos: a confiar en Dios incluso en medio del sufrimiento. Y hay una petición de Martina que su madre sigue intentando cumplir: «Mamá, tienes que decirles a todos que Jesús y la Virgen los quieren».
