23 de octubre de 2026

Estaba previsto que León XIV recibiera en el Vaticano a los participantes, pero su hospitalización en el Policlínico Gemelli lo imposibilitó.

La fecundación in vitro “sustrae el acto generativo a la responsabilidad de los cónyuges” y lo entrega a “la gestión de médicos y técnicos de laboratorio”, advirtió Mons. Claudio Giuliodori, presidente de la Fundación ISI y asistente eclesiástico general de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. “Plantea no pocos cuestionamientos éticos el hecho de pasar, sin ningún reparo, de un acto procreativo inscrito en el don de amor recíproco, que se expresa en el convertirse en una sola carne en el matrimonio, a una especie de delegación o subcontratación del acto humanamente más relevante y significativo, como es precisamente engendrar un hijo, confiándolo a un proceso externo a la pareja y de naturaleza exclusivamente técnica”, señaló el prelado durante el congreso El esplendor de lo humano: custodiar la fertilidad, curar la infertilidad, celebrado del 16 al 18 de octubre en Roma. Estaba previsto que León XIV recibiera en el Vaticano a los especialistas de distintos ámbitos que abordaron los desafíos científicos, antropológicos y éticos relacionados con la sexualidad y la reproducción. Sin embargo, su hospitalización en el Policlínico Gemelli lo imposibilitó. El congreso arrancó con la conferencia inaugural del secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, sobre “la dignidad y la belleza de la procreación en el Magisterio de la Iglesia” .Por su parte, Mons. Giuliodori alertó sobre los condicionamientos morales que rodean estas técnicas, desde la obtención de células germinales y la selección de gametos mediante inteligencia artificial hasta la producción, congelación y eventual utilización de embriones para investigación científica.  “Debemos considerar las numerosas y complejas cuestiones técnicas y éticas ligadas a la obtención de las células germinales, a la selección de gametos hoy mediante inteligencia artificial, a las modalidades de producción de los embriones según las distintas técnicas, al número de aquellos que, incluso después de ser implantados, son objeto de reducción o supresión, a la crioconservación de los embriones que no son implantados y a su eventual utilización para la investigación científica”, afirmó. El prelado subrayó que en Italia se calcula que existen entre 30.000 y 100.000 embriones congelados, aunque aclaró que no hay cifras precisas. “Nadie es capaz de producir datos exactos, y esto es impresionante”, afirmó, destacando las implicaciones “sanitarias, jurídicas, económicas y, sobre todo, éticas” que plantea esta realidad. Según explicó, la cuestión central “desde el punto de vista antropológico y ético, pero también existencial y social”, radica en que la fecundación in vitro traslada la generación de una nueva vida fuera de la relación conyugal.

“No producido en un laboratorio” El 25 de julio de 1978 vino al mundo Louise Brown, la primera niña nacida mediante técnicas de reproducción humana asistida. Mons. Giuliodori señaló que muchas de estas técnicas fueron desarrolladas inicialmente en el ámbito de la reproducción animal y sostuvo que su aplicación a la generación humana resulta moralmente inaceptable. “La reproducción, que puede justificarse en el ámbito de la ganadería, aparece totalmente inapropiada y éticamente inaceptable para el ser humano, que tiene derecho a ser concebido en el contexto exclusivo del acto de amor de sus padres, no producido en un laboratorio”, declaró. Asimismo, lamentó que el debate público se centre casi exclusivamente en el deseo de los adultos de tener descendencia. “Lamentablemente, se habla mucho del derecho a tener un hijo de cualquier manera, pero muy poco del derecho del hijo a ser generado humanamente en el ámbito del amor conyugal”, sostuvo.

León XIV y la Donum vitae Durante su intervención, Mons. Giuliodori evocó recientes enseñanzas del Papa León XIV sobre la dignidad de toda vida humana y la necesidad de poner límites éticos al desarrollo tecnológico. El presidente de la Fundación ISI recordó además una de las afirmaciones centrales de la instrucción Donum vitae, publicada el 22 de febrero de 1987 por la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe y firmada por el Cardenal Joseph Ratzinger: “Lo que es técnicamente posible no es por ello mismo moralmente admisible”.

Alternativas clínicas a la fecundación artificial En la segunda parte de su intervención, Mons. Giuliodori repasó la historia y misión del Instituto Científico Internacional Pablo VI (ISI), nacido para ofrecer alternativas clínicas a la fecundación artificial mediante el tratamiento de las causas de la infertilidad. Destacó que el Instituto trabaja actualmente dentro de la Fundación Policlínico Universitario Agostino Gemelli, donde se beneficia de “todo el apoyo necesario para la investigación más avanzada” y de un enfoque interdisciplinar que permite realizar “diagnósticos muy precisos y profundos”. Según explicó, este método ofrece “la posibilidad real, ya ampliamente documentada, de dar respuestas concretas para la eliminación de las causas de la infertilidad”. Mons. Giuliodori aseguró que la experiencia acumulada durante veinticinco años ha convertido al ISI Pablo VI en una referencia internacional para las parejas que desean afrontar la infertilidad sin recurrir a técnicas de fecundación artificial. “Los resultados obtenidos, también en términos de embarazo, superan porcentualmente los declarados por los centros de procreación médicamente asistida”, afirmó.

“Emergencia de la infertilidad” Por su parte, la doctora Paola Pellicanò, médica del Centro para la Regulación Natural de la Fertilidad de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, consagrada del Ordo Virginum (Orden de las Vírgenes) y presidenta de la Asociación Donum Vitae, defendió la necesidad de abordar “la emergencia de la infertilidad en la que nos encontramos” con respuestas que vayan más allá de las soluciones técnicas o reproductivas habitualmente propuestas. En este sentido, destacó que las últimas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) comienzan a reconocer la importancia de la educación sobre la fertilidad, la promoción de estilos de vida saludables y el respeto a las convicciones personales de las parejas. Según señaló, estas recomendaciones apuntan hacia una mayor valoración del conocimiento de los períodos fértiles del ciclo femenino, la prevención y la transmisión de mensajes educativos a la población general. La especialista recordó que ya en 1988 la propia OMS había publicado una guía sobre los servicios de regulación natural de la fertilidad, definidos como “primariamente educativos”, y subrayó que “el éxito de estos programas dependía de la formación de instructores cualificados”.

Una respuesta a una emergencia cultural y social Durante su intervención, Pellicanò vinculó el trabajo desarrollado por el Centro para la Regulación Natural de la Fertilidad en Italia con una visión más amplia de la persona y de la familia. Su origen se remonta a 1976, cuando la ginecóloga y misionera Anna Cappella, formada en regulación natural de la fertilidad gracias a su colaboración con John y Evelyn Billings, asumió la dirección de un proyecto impulsado por la Universidad Católica del Sagrado Corazón con el apoyo de la Santa Sede y de la Conferencia Episcopal Italiana. Aquel trabajo desembocó posteriormente en la creación de un centro de estudios e investigación especializado en la regulación natural de la fertilidad, que con el paso de los años se convertiría en un referente internacional. Pellicanò destacó especialmente la experiencia clínica acumulada por el centro, que ha acompañado a más de 8.000 parejas. La especialista insistió en que la fertilidad no debe contemplarse únicamente desde la perspectiva de la búsqueda de un embarazo: “La pasión no se detiene en resolver el problema de tener o no tener un hijo, sino que abarca toda la vida”. Según explicó, “conocer la fertilidad y adquirir conciencia de ella permite a las personas convertirse en protagonistas de sus propias decisiones” y evitar “una actitud meramente pasiva ante determinadas intervenciones o técnicas reproductivas”.

Prevención, responsabilidad y generosidad Pellicanò subrayó que conceptos como prevención, responsabilidad y generosidad son fundamentales para afrontar no solo la esterilidad, sino también fenómenos más amplios como la crisis demográfica. “Aquí adquieren valor palabras como prevención, pero también responsabilidad y generosidad, importantes para afrontar los aspectos culturales y afectivos de la esterilidad y de la misma caída de la natalidad”, explicó. Asimismo, destacó la extensa red formativa creada durante estas décadas, con más de mil instructores del Método de la Ovulación Billings (una técnica natural de reconocimiento de la fertilidad basada en la observación diaria de las características del moco cervical y la sensación en la zona vaginal) en Italia, integrados en organismos internacionales y vinculados a proyectos desarrollados en distintos continentes. La presidenta de Donum Vitae defendió una aproximación científica que no pierda de vista la dimensión humana de la procreación y de la medicina. “Custodiar la fertilidad es una visión científica que tiene en el centro a la persona”, afirmó. En este sentido, recordó que la tradición desarrollada por el centro hunde sus raíces en la convicción de que el conocimiento de la fertilidad femenina constituye una realidad inscrita en la propia naturaleza de la mujer y susceptible de ser estudiada científicamente. Pellicanò situó esta visión en continuidad con las enseñanzas de los últimos pontífices, desde San Pablo VI y San Juan Pablo II hasta Benedicto XVI, Francisco y León XIV, quien en su encíclica Magnifica humanitas presenta la apertura a la vida como una expresión de belleza y dignidad humanas.