22 de octubre de 2026
Evangelio Lucas 12, 49-53
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!
¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
Reflexión
Jesús ha estado instruyendo a sus discípulos sobre el riesgo de la hipocresía y sobre confiar a Dios toda su vida. Les ha hablado sobre lo que tiene que padecer y les habla entonces de este bautismo que Él tiene que pasar a través de su pasión y que pondrá a prueba a todos.
La gravedad de los momentos de gran prueba que se acercan, se expresa a través de esta angustia que Jesús como hombre tiene que afrontar y los ofrece con amor por nuestra salvación. Es como abrirles los ojos ante lo que van a experimentar.
San Juan Pablo II reflexiona sobre estas palabras “Jesús revela el drama íntimo que oprime su alma frente a la perspectiva del sacrificio que se acerca. No quiere huir de ese destino doloroso: «He llegado a esta hora para esto». Vino para ofrecer el sacrificio que procurará la salvación a la humanidad”. Jesús vino a traer fuego a nuestro corazón, un fuego que transforma nuestras vidas y las de los que están a nuestro alrededor.
Su mensaje que nos invita a volvernos al Señor como discípulos que estén dispuestos a hacerse violencia negándose a sí mismos, exige tomar una posición, como dirá en otra ocasión “si no recoges conmigo, desparramas”.
La ruptura de la que nos habla viene de la consecuencia de tomar esa posición, es una consecuencia dolorosa, no el objetivo, que pueden experimentar quienes se han decidido a seguirlo. Si nos decidimos a seguirlo, puede ser que nuestro testimonio sea signo para la conversión de los que están a nuestro lado, pero también puede provocar rechazo.
Si esta división ha ocurrido con alguien cercano, ofrécele ese dolor al Señor, sé tú una muestra del amor de Dios para todos, siempre responde con amor. Como nos dijera Santa Teresa de Calcuta “«Cualquiera que sea la pregunta, la respuesta es el Amor. Cualquiera que sea el problema, la respuesta es el Amor. El Amor es siempre la respuesta. Porque el Amor es todo lo que existe».
La gravedad de los momentos de gran prueba que se acercan, se expresa a través de esta angustia que Jesús como hombre tiene que afrontar y los ofrece con amor por nuestra salvación. Es como abrirles los ojos ante lo que van a experimentar.
San Juan Pablo II reflexiona sobre estas palabras “Jesús revela el drama íntimo que oprime su alma frente a la perspectiva del sacrificio que se acerca. No quiere huir de ese destino doloroso: «He llegado a esta hora para esto». Vino para ofrecer el sacrificio que procurará la salvación a la humanidad”. Jesús vino a traer fuego a nuestro corazón, un fuego que transforma nuestras vidas y las de los que están a nuestro alrededor.
Su mensaje que nos invita a volvernos al Señor como discípulos que estén dispuestos a hacerse violencia negándose a sí mismos, exige tomar una posición, como dirá en otra ocasión “si no recoges conmigo, desparramas”.
La ruptura de la que nos habla viene de la consecuencia de tomar esa posición, es una consecuencia dolorosa, no el objetivo, que pueden experimentar quienes se han decidido a seguirlo. Si nos decidimos a seguirlo, puede ser que nuestro testimonio sea signo para la conversión de los que están a nuestro lado, pero también puede provocar rechazo.
Si esta división ha ocurrido con alguien cercano, ofrécele ese dolor al Señor, sé tú una muestra del amor de Dios para todos, siempre responde con amor. Como nos dijera Santa Teresa de Calcuta “«Cualquiera que sea la pregunta, la respuesta es el Amor. Cualquiera que sea el problema, la respuesta es el Amor. El Amor es siempre la respuesta. Porque el Amor es todo lo que existe».
QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE
