13 de octubre de 2026

Evangelio Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Pero el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio».

Reflexión

La verdadera pureza se expresa con un corazón que ha sido sanado con caridad desde el interior. En este Evangelio que escuchamos hoy, Jesús confronta la obsesión de fijarse solo en el cumplimiento de rituales que limpiaban por fuera, mientras el interior permanecía lleno de codicia y de maldad; nos recuerda que Dios es el creador de todo nuestro ser, tanto de lo visible como lo invisible.
La única forma auténtica de limpiar el alma por dentro es abrir la vida hacia los demás a través de la generosidad. Este llamado de Jesús exige purificar la verdadera intención de nuestras acciones, la trampa del perfeccionismo nos lleva con frecuencia a cuidar minuciosamente las formas externas: cumplir las normas, mantener las apariencias o buscar el reconocimiento de los demás, mientras descuidamos las actitudes profundas del alma.
El crecimiento interior se puede medir por la capacidad de desprendernos de nosotros mismos para socorrer al que más lo necesita. Limpiar el vaso por dentro se logra mediante la práctica constante de las obras de misericordia y el desapego; se cultiva cuando decides compartir no solo lo que te sobra, sino tu propio tiempo, tu escucha y tus recursos con quien pasa más necesidades.
Se vive al dar prioridad a la comprensión y al auxilio sobre la corrección rígida; la limosna verdadera es un acto de amor desinteresado que purifica la mente del egoísmo y de la avaricia. San Agustín lo explicaba así, ‘da limosna desde el corazón, teniendo compasión del hermano en su miseria’.
Si quieres estar limpio por dentro, limpia primero tu intención con el amor al prójimo; realicemos un examen honesto sobre las intenciones que mueven nuestros actos, busquemos una oportunidad concreta para dar sin esperar nada a cambio; regalar tiempo a quien lo necesita, compartir de nuestros bienes o responder con un gesto generoso ante algo que a veces nos parece una molestia. Recuerda que ante los ojos de Dios, la verdadera limosna brota de un corazón que se entrega, purificando la vida desde su interior.