09 de octubre de 2026
San José Gregorio Hernández profesó siempre una gran devoción por Santa Teresa de Jesús, llegando a decir que le sería imposible señalar el momento exacto de su vida en que comenzó a “conocer y amar” a la santa española, a quien describió como el “característico tipo femenino de la raza”. Estas amantísimas palabras del Dr. Hernández se encuentran en su ensayo ‘La verdadera enfermedad de Santa Teresa de Jesús’, recogido en sus Obras Completas, las cuales han sido recientemente digitalizadas y puestas a disposición para descarga gratuita por un grupo de jóvenes venezolanos. En su ensayo —dedicado al entonces Obispo de Calabozo, Mons. Felipe Neri Sendrea— el médico de los pobres cuenta que fue durante sus “estudios preparatorios al curso de bachillerato” cuando “subió de punto mi entusiasmo por su fama”, porque además de “la santidad resplandeciente” de la mujer nacida en Ávila, empezó a conocer también su faceta de “escritora y poetisa admirable e inimitable”.
Un diagnóstico a partir de la indignación Cuenta San José Gregorio que empezaba sus estudios de Medicina en la Universidad Central de Venezuela cuando “con gran animación y alegría celebrose en Caracas el tercer centenario de la santa”. Hernández recuerda el ambiente que entonces se vivía en la capital venezolana, especialmente los elogios que se hacían en favor de Teresa de Jesús en la prensa y en los templos, pareciéndole, sin embargo, “que todos eran inferiores a su grandeza”. Años más tarde, continúa el santo venezolano, uno de sus “más queridos y populares profesores” escribió un estudio sobre el histerismo en el que afirmaba que Santa Teresa “estaba afectada de la neurosis y que sus éxtasis eran los llamados éxtasis histéricos”. “¡Con qué dolor leí el artículo de mi maestro! ¡Cómo deseaba tener un gran caudal de saber y de elocuencia para defenderla de tan inconsiderada apreciación!”, escribe el Dr. Hernández. Así, muchos años después, pudo estudiar sus obras, lo que le llevó a “apreciar la verdadera grandeza de la santa”, la cual distaba —“cuanto dista la tierra del cielo”— de la idea que se había formado de ella en los primeros años de su vida. Cuenta San José Gregorio que fue la devoción a San José, propagada en toda la Iglesia por Santa Teresa, lo que le llevó a amarla y venerarla aún más. “Por eso he sentido tan punzante dolor al oírla calificar de histérica en aquellos tiempos y siempre, y he formado el propósito invariable de contribuir en lo que pudiera para desvanecer tan impensada y ligera calificación, primeramente demostrando que en Santa Teresa no se encuentra la más pequeña señal de histerismo, y en segundo lugar tratando de indagar cuál era la enfermedad cierta que la aquejaba, puesto que ella misma nos describe los sufrimientos que tuvo durante su vida”, escribió el santo.
“Santa Teresa no padecía de histerismo” Inmediatamente, el Dr. Hernández dedica varias párrafos de su ensayo a analizar —desde la ciencia médica— los síntomas que presentaba la gran santa española. Asegura que la neuropatología “nos enseña a conocer perfectamente el histerismo”, por lo que “apenas hay enfermedad de más fácil diagnóstico”. Después de repasar estos síntomas, el médico isnotuense sentencia: “¡Qué distante y opuesta a este bosquejo moral se nos presenta la santa en todos sus actos”. De manera especial, Hernández destaca un virtud sobresaliente en Santa Teresa: la sinceridad, y remarca que “la señal más cierta que se puede tener de la curación de un histérico” es el cambio moral en el que pasa “de la simulación y de la exageración a la sinceridad”. “En los escritos de Santa Teresa brilla de tal manera esta virtud que encanta al lector y lo subyuga de una manera total”, señala. El médico de los pobres rebate todas y cada una de las afirmaciones que señalan a la santa avileña como una enferma histérica: “Es, pues, un hecho fuera de discusión ilustrada que Santa Teresa no padecía de histerismo”.
La verdadera enfermedad de Santa Teresa de Jesús A partir de la descripción que hiciera Santa Teresa, se puede entonces averiguar, según el Dr. Hernández, cuál era la enfermedad que padecía. Es aquí que el médico comienza a analizar los síntomas que en ella empezaron a aparecer luego de su profesión religiosa, porque “la mudanza de la vida y de los manjares me hizo daño a la salud”, según narra en los capítulos de su Vida. Santa Teresa señala que “comenzáronse a crecer los desmayos” y empezó sufrir de “un mal del corazón tan grandísimo que ponía espanto a quien lo veía”. Cuenta también que, para ver si se curaba, la llevaron a una estación balnearia a tomar aguas minerales, pero sus males solo empeoraron “con dolores tan insoportables que día ni noche ningún sosiego podía tener y una tristeza muy profunda”. Todos la desahuciaron, recuerda. Meses después, la santa volvió al convento en un “extremo de flaqueza que no se puede decir, que sólo los huesos tenía” y así estuvo más de 8 meses. “El estar tullida, aunque iba mejorando, casi tres años”. San José Gregorio comenta que luego “se puso buena por completo”, quedando solo sujeta “a tener palpitaciones” que se curaban “con agua de azahares”. “De todo podemos deducir que la santa, en su primera juventud sufrió de una enfermedad aguda que con las secuelas le duró como cuatro años, después de la cual tuvo una salud perfecta y cabal, tanto que pudo emplear toda su vida en el trabajo de las fundaciones y de la dirección de una Orden extendida en toda la Península, explica el Dr. Hernández. Esta enfermedad, prosigue el santo médico venezolano, consistió “en un dolor violento” ubicado en la región torácica y precordial, además de “dolores generales en todo el cuerpo” que venían acompañados de “fiebre alta, y que paró en un ataque cerebral con convulsiones” para dejarla luego en un estado de “rigidez articular y muscular, que la tuvo tullida durante tres años”. “Al fin, vuelta a la salud con palpitaciones y algunas veces vómitos”, añadió. Con esta “sumaria descripción”, San José Gregorio dice que es “difícil clasificar su enfermedad poniéndola en un cuadro nosológico”. “Sin embargo, para los que están acostumbrados al lenguaje de la santa se aclaran un poco los síntomas y se puede, sin mucha violencia, asimilar su enfermedad al reumatismo articular agudo”, sentenció.
