07 de octubre de 2026
El título mariano de “Auxilio de los cristianos”, que se invoca en la letanía lauretana, tuvo su origen en una de las mayores batallas navales de la historia, Lepanto, que fue crucial para la Cristiandad y de la que este 7 de octubre se cumplen 455 años. Menos de un siglo después de cerrada la gesta de la Reconquista en España, en 1492, Europa sentía de nuevo a sus puertas la amenaza de una nueva invasión musulmana, esta vez a manos del Imperio Otomano. El Papa San Pío V convocó en 1571 la Liga Santa, una coalición militar formada por los Estados Pontificios, el Imperio Español, Venecia y algunos otros aliados, para hacer frente en el Mediterráneo a la amenaza otomana. La flota reunida por el Pontífice, de entre 200 y 300 naves, se puso bajo el mando de Juan de Austria, hermanastro del emperador hispánico Felipe II. Al otro lado, Alí Pachá comandaba un grupo igual de numeroso de embarcaciones. Participaron, entre ambos bandos, unas 170.000 personas entre soldados y remeros. Entre ellos, se encontraba Miguel de Cervantes quien, herido en esta contienda, fue apodado desde entonces “el manco de Lepanto”.
Intervención divina Fue el Papa Pío VI quien pidió a la Cristiandad que encomendara la victoria a la Virgen María, rezando el Rosario. Durante la contienda, de la que salió victoriosa la flota cristiana, se dieron testimonios de la intervención divina. Tanto los musulmanes como los cristianos apreciaron la intervención de ángeles en el momento más decisivo del combate. La tradición cuenta que el conocido como Cristo de Lepanto, embarcado en la nave de Juan de Austria, tiene una característica forma curvada, atribuida a un hecho milagroso, con dos versiones: Se curvó para esquivar un proyectil o para taponar una vía de agua.
¿Nuestra Señora de la Victoria o del Rosario? A resultas de la victoria cristiana, San Pío V añadió a las letanías lauretanas, que toman su nombre del Santuario de Loreto, la advocación “Auxilio de los cristianos” e instituyó la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria el 7 de octubre. Gregorio XIII transformó esta fiesta en la de Nuestra Señora del Rosario, que se celebró el primer domingo de octubre. En 1716 Clemente XI la extendió a toda la Iglesia y León XIII la fijó el 7 de octubre. Aunque las letanías lauretanas no forman parte del rezo del Rosario tal y como los definió San Pío Vi en la bula Consueverunt Romani Pontifices dos años antes de la batalla de Lepanto, sí es costumbre recitarlas al concluir la meditación de los cinco misterios de cada día.
