25 de septiembre de 2026

Un viaje apostólico permite conocer a la Iglesia local que recibe al Papa y en Francia quizá una canción pueda ayudarnos a entenderlo. Con motivo de la llegada del Papa, Paul Delafosse, creador y fundador de Amen Média, ha publicado la canción Leon XIV, una parodia en clave de remix firmada con el nombre Saul 2 Tarse. El seudónimo es ya parte de la broma: remite a Saulo de Tarso, san Pablo, y juega al mismo tiempo con el propio nombre de Paul. Puro humor francés para recibir al Papa. La pieza retoma una canción de rap y juega, además, con la melodía de Resucitó, la conocidísima composición de Kiko Argüello difundida por el Camino Neocatecumenal y cantada durante décadas en comunidades cristianas de todo el mundo. Sobre esa base, Delafosse construye una parodia llena de referencias católicas, francesas y de actualidad para celebrar la llegada de León XIV. El resultado no deja indiferente. «Quiero ver al papamóvil por los Campos Elíseos y a Marianne llevando la bandera del Vaticano«, canta Delafosse. Después aparecen Robert Francis, el nombre del Papa; el XIV convertido casi en el dorsal de una camiseta; sotanas, Notre-Dame, humo blanco, vino y sangre de Cristo y, naturalmente, Francia como «hija primogénita de la Iglesia». Incluso hay espacio para una preocupación bastante menos celestial: pide una «pequeña bendición» del Papa para que suban los salarios. Y precisamente ahí está la gracia. No pretende banalizar la visita del Santo Padre, sino acogerla con alegría en medio de una realidad que no siempre es sencilla.

Los jóvenes que recibirán al Papa El Papa llega a la Francia real, la de Notre-Dame y la tradición católica, pero también la de los jóvenes que trabajan, estudian, pagan sus facturas y se preocupan por llegar a fin de mes. La fe no aparece desconectada de la vida cotidiana: entra en ella con humor. ¿Quiénes son estos jóvenes católicos? Para intentar comprenderlo hablé estos días con Diana Huchon, joven franco-mexicana, vinculada a la Comunidad del Emmanuel y que colabora con Fidesco, la veterana ONG de esta comunidad. Ella me ayudó a dibujar el rostro de una juventud católica francesa mucho más plural de lo que contemplamos desde fuera. Por una parte, permanecen los jóvenes procedentes de familias francesas donde la transmisión de la fe ha sobrevivido. Algunos muestran esa pertenencia con naturalidad: son, como dice Diana, jóvenes que «llevan la medalla de su bautismo con orgullo». Junto a ellos aparece una segunda realidad, particularmente importante en las grandes ciudades: jóvenes procedentes de familias migrantes, entre ellas muchas originarias de las Antillas y de otros territorios extraeuropeos. Su expresión del catolicismo puede resultar más urbana, espontánea y evangelizadora. Y hay una tercera realidad fascinante: jóvenes que no heredaron la fe y están descubriéndola. Proceden de familias donde la cadena de transmisión del cristianismo se rompió hace una o dos generaciones, de hogares ateos o agnósticos e incluso de otras religiones, incluido el islam.

Sociología católica «en U» El historiador Guillaume Cuchet acaba de explicar a Vatican News que el catolicismo francés presenta hoy una peculiar sociología «en U»: en uno de sus extremos permanecen ambientes socialmente acomodados donde el catolicismo conserva dinamismo; en el otro aparece una inmigración cristiana extraeuropea particularmente viva en las periferias de las grandes ciudades. Entre ambos existe un enorme espacio social donde la presencia católica se ha debilitado extraordinariamente. Los datos obligan a evitar cualquier triunfalismo. A comienzos de los años sesenta alrededor del 25% de los adultos franceses asistía a misa cada domingo. Hoy la cifra está por debajo del 2 %. Pero, simultáneamente, desde 2019 se está produciendo un crecimiento significativo de los bautismos de adultos. Cuchet considera todavía demasiado pronto para saber si estamos ante un despertar duradero, aunque reconoce que el fenómeno es claro y merece ser observado. Algo está sucediendo.