24 de septiembre de 2026

Evangelio según san Lucas 9, 7-9 

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?». Y tenía ganas de verlo.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad, excepto amar a Dios”

El autor del libro de Qohelet llega a la conclusión de que todo es vanidad de vanidades, nada y vacío. Él ha querido mostrar que la felicidad no se encuentra en las vías más codiciadas por la humanidad, como es el poder, el placer, las riquezas, los honores, etc…. Además, vemos como casi tres mil años después de escribir este texto, el corazón del hombre es el mismo, la esencia humana no ha cambiado, están las mismas luchas, los mismos pecados, los mismos errores, las mismas búsquedas…., han cambiado las formas, pero no el fondo. A pesar del paso del tiempo, Qohelet expresa algunos de los sentimientos más comunes de nuestra época: el desencanto, aburrimiento, rutina, insatisfacción, la desesperanza… Mucha gente vive hoy en día así, en la insatisfacción, e incluso en una triste monotonía. Tantas veces vemos como nada puede “satisfacer” totalmente al ser humano. Nuestro corazón está hecho para Dios y sólo el encuentro con Él puede llenar el vacío del corazón, como dice San Agustín, “nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Dios”. El texto nos hacer ver que nuestra vida es limitada, finita y nos ayuda a no poner nuestra esperanza en lo terrenal, que es efímero, todo pasa. A lo mejor ha llegado el momento de pararnos y ver cómo estamos viviendo, en qué ponemos nuestra esperanza. Quizás cabe preguntarse, ¿para qué nos afanamos tanto y andamos en tantas preocupaciones por la vida y, tantas veces, víctimas del estrés? ¿vale la pena? Señor, ayúdame a no buscar la felicidad en las cosas que pasan y a mantener la mirada fija en Ti, el único que puedes satisfacer plenamente mi corazón y dar sentido a mi vida.

“Herodes deseaba ver a Jesús” A lo largo del Evangelio, aparecen muchas personas que quieren ver a Jesús, que quieren conocer a Jesús, como, por ejemplo, los Reyes Magos, Zaqueo o unos judíos que también buscan a Jesús para conocerle. El punto de este deseo y de esta búsqueda está en descubrir por qué querían ver a Jesús, para qué buscaban verlo. Herodes sólo quería conocer a Jesús por curiosidad, quería espectáculo y circo, incluso quería presenciar algún milagro. En realidad, él no deseaba tener un encuentro con Jesucristo, porque tener un encuentro con Cristo es algo muy profundo, es estar dispuesto a que Cristo entre en tu corazón y te cambie la vida. Quizás es un buen momento para preguntarte si deseas ver a Jesús, si realmente deseas tener un encuentro sincero con Cristo, aun sabiendo que este encuentro puede poner tu vida patas arriba y darte una vida nueva y un corazón nuevo. En el mundo de hoy también hay curiosidad, hay algunos que buscan lo milagrero, para otros Jesucristo ni existe, otros se oponen a su mensaje. Pero, también hay muchas personas que “desean ver a Jesús”, aunque no se den cuenta a quién están buscando de verdad. Nosotros, los cristianos debemos dar testimonio con nuestra vida de que Cristo es la respuesta a todas nuestras búsquedas. Termino con unas palabras de San Juan Pablo II: “Buscad a Jesús esforzándoos por conseguir una fe profunda que oriente toda vuestra vida…Él debe ser vuestro apoyo en el camino de la vida. Sólo Él tiene Palabras de Vida Eterna” Señor, aviva en nosotros el deseo de conocerte, que podamos encontrarnos contigo, hablar contigo, escucharte y…. amarte.