15 de septiembre de 2026

Evangelio Lc 7, 11-17.  Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores». Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, Yo te ordeno, levántate» . El muerto se incorporó y empezó hablar . Y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios a visitado a su Pueblo». El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda Judea y toda la región vecina.

Reflexión: Junto con manifestar el poder de Jesús, su intervención devela también su misericordia. Es decir, Dios previene y visita sin petición a quién ya no puede pedir, orar ni creer. Por eso su milagro obedece a esa capacidad de «conmoverse» por el que sufre y entonces actúa, con prontitud y naturalidad, primero consolando, «No llores»; luego restituyendo la vida del joven  y, finalmente, devolviendo el sentido de la vida a la mujer.

QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE