09 de septiembre de 2026
Evangelio según san Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».
Reflexión del Evangelio de hoy
¿Todo el mundo habla bien de nosotros? Dice el Señor: “Ay si todo el mundo habla bien de vosotros. En principio, estas palabras del Señor no pueden parecer extrañas. Parece que a todos nos gusta que la gente hable bien de nosotros. Esto da la impresión que nuestras relaciones sociales van por buen camino, todo el mundo habla bien de nosotros. Pero esto es lo extraño, si todo el mundo habla bien es que hay algo que no estamos haciendo bien. El anuncio del Reino de Dios y los valores que conlleva no siempre está en consonancia con ciertas realidades religiosas, políticas o sociales que nos rodean. La presencia del Reino de Dios entre nosotros crea un clima para la paz y la justicia. Siempre es buena noticia que conlleva sosiego interior y tranquilidad exterior, donde cada uno puede desarrollar libremente los dones recibidos de nuestro Dios.
Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios Este clima edificado sobre la paz y la justicia no siempre es bien recibido en un mundo donde lo que prima son los intereses nacidos del egoísmo y las malas intenciones sumergidas en el mar de la envidia y el océano del descarte. Y entonces, si permanecemos fieles a este Reino de paz y justicia, ¿seguirán hablando bien de nosotros? Entonces, dice el Señor, viene el llanto, el esfuerzo, la lucha… por permanecer fieles a la solidaridad con los hermanos descartados en una sociedad de apariencias farisaicas. ¿Quiénes van a hablar bien de nosotros quienes rompen la paz y pisotean la justicia? Nuestra fidelidad al Reino de Dios nos alienta a trabajar para que nadie se sienta desamparado, para que la fuerza del Evangelio vaya creando un clima de solidaridad y cercanía entre todos los hombres y mujeres de este mundo. Pero esto no es nada fácil, esta fidelidad tenemos que cuidarla día a día, pedirle a nuestro Dios que es Padre misericordioso, que nos de la fuerza necesario para mantenernos firmes, aunque no todo el mundo hable bien de nosotros.
QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE
