19 de agosto de 2026

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19, 30-20,16

Jesús dijo a sus discípulos:

Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: “Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer

nada?” Ellos les respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Entonces les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros”.

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: “Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada”.

El propietario respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.»

Reflexión del Evangelio de hoy

La cercanía y ternura de Dios A través de la imagen del pastor el profeta Ezequiel nos muestra el amor de Dios que se hace cercano y camina con su pueblo. No es un amor abstracto sino concreto en nuestra vida. Al denunciar la incoherencia de los falsos pastores nos brinda las características del verdadero pastoreo: orientar, encarrilar, fortalecer, curar, vendar, recoger y apacentar. El pastor conoce a las ovejas y ellas a él. Hay una relación de confianza y ternura que nos fortalece y nos ayuda en el camino de la vida. Esta experiencia puede ayudarnos a revisar nuestra propia vivencia de pastoreo en la vida. En mi realidad y en mi misión: ¿Cómo experimento en mi vida el pastoreo del Señor? ¿En las responsabilidades de mi vida como expreso las características del buen pastor? Desde el amor, ¿qué sería bueno potenciar especialmente en relación con los demás?  Que con el salmista renovemos la ternura y la cercanía de Dios en nuestra vida: «El Señor es mi pastor, nada me falta; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.» (Sal 22,1.3)

Todos, todos, todos Las parábolas del Reino nos ayudan a profundizar en el ofrecimiento que Dios nos hace a través de Jesús. El Reino de Dios es fundamentalmente un ofrecimiento de salvación para todos. Teniendo en cuenta esto es que comprendemos la pedagogía de divina que re orienta nuestra lógica. Esta lógica nos abre a la experiencia de la gracia, el don, el regalo. El propietario de la viña sale una y otra vez a buscar trabajadores. Dios siempre incluye, no quiere dejar a nadie fuera de este ofrecimiento: No deja a nadie en la plaza. No abandona. No mira para otro lado. Nunca descarta. No se desentiende. No invisibiliza. No pasa de largo. Sino que busca integrar a todos. «En la Iglesia, hay espacio para todos. Para todos. En la Iglesia, ninguno sobra. Ninguno está de más. Hay espacio para todos. Así como somos. Todos. Y eso Jesús lo dice claramente.» (Papa Francisco) Seguir a Jesús es comprender que la entrada al Reino de Dios no se gana por nuestro trabajo o acción, sino por la generosidad de Dios. Nuestras acciones, esfuerzos y desvelos no serán para obtener el privilegio sino respuesta sincera a la iniciativa gratuita de  Dios. Nadie se puede quedar afuera de este trabajo, en la viña del Señor, todos tenemos algo para aportar, un don, una virtud, todos recibimos esta llamada del Señor. Que nuestra respuesta siempre sea generosa y como el  Papa Benedicto XVI podamos decir: «Soy un simple y humilde trabajador en la viña del Señor.»

QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE