13 de agosto de 2026
“Las Obras Misionales Pontificias de Colombia invitan a toda su red nacional e internacional a permanecer unidas en oración para expresar su solidaridad con las poblaciones afectadas. En medio de la destrucción y el sufrimiento, la misión se manifiesta concretamente en cercanía, consuelo, servicio y fraternidad”. Estas son las palabras del padre Samir de Jesús García Valencia, director de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de Colombia, tras el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió las regiones central y occidental del país en la mañana del lunes 10 de agosto (ver Agencia Fides 11/08/2026).
El epicentro del terremoto, ubicado en el municipio de San José del Palmar, se encuentra en la diócesis de Istmina-Tadó, en el departamento de Chocó. Las ciudades más afectadas fueron Pereira, Cali, Istmina, Quibdó, Manizales y Armenia, además de numerosos municipios y comunidades rurales. Los últimos informes de la región indican que el número de fallecidos ya supera los doscientos. También hay cientos de heridos, numerosos desaparecidos y miles de familias desplazadas. Estas cifras son provisionales, ya que continúan las operaciones de búsqueda y rescate y se están realizando esfuerzos para restablecer el contacto con las comunidades rurales aisladas.
En algunas zonas, las dificultades de acceso y comunicación sugieren que la verdadera magnitud de la tragedia solo se conocerá en los próximos días. El terremoto también provocó el derrumbe de viviendas y edificios, daños en hospitales, escuelas, carreteras, aeropuertos y servicios públicos, así como graves daños en iglesias y otros edificios religiosos.
“Estamos viviendo momentos muy difíciles en nuestra amada patria. Muchas familias han perdido a sus seres queridos, sus hogares y sus medios de subsistencia. Como Obras Misionales Pontificias, queremos estar cerca, escuchar, acompañar y ayudar”, escribe el padre Samir García. “Esta dolorosa experiencia nos llama a fortalecer la comunión misionera y a seguir caminando en la esperanza que no defrauda, ni siquiera en los momentos más críticos de nuestra existencia”. Las Obras Misionales Pontificias de Colombia se han sumado a la comunidad eclesial en la movilización, manteniendo una comunicación constante con los directores diocesanos de las Obras Misionales Pontificias y con la pastoral misionera en todas las jurisdicciones, con especial atención a las regiones más afectadas. Esta red permite comprender las necesidades de las comunidades, compartir información y fortalecer los lazos entre las Iglesias locales.
“La Iglesia en Colombia permanece con su pueblo”, concluye el director de las Obras Misionales Pontificias de Colombia. “Mientras continúa la búsqueda y comienzan a identificarse las necesidades de reconstrucción, las comunidades cristianas renuevan su compromiso de no abandonar a las víctimas y de mantener viva la esperanza mediante la oración y la solidaridad concreta”.
