28 de julio de 2026
La diferencia en la esperanza de vida entre monjes y monjas prácticamente desaparece dentro del claustro, y la vida en comunidad, con una regla de vida, oraciones programadas y un propósito definido, contribuye a un envejecimiento saludable.
Estos son algunos de los hallazgos del Estudio de los Claustros Germano-Austriacos, realizado por Marc Luy del Instituto de Demografía de Viena, perteneciente a la Academia Austriaca de Ciencias. El proyecto de investigación, que estudiaba la salud, el envejecimiento y la esperanza de vida, analizó los factores de salud y longevidad que revelan el llamado «envejecimiento saludable», es decir, una vida larga y sana.
La investigación ha vuelto a captar la atención en Europa este mes, tras el centenario del hermano benedictino David Steindl-Rast el 12 de julio, según informó CNA Deutsch, el servicio en alemán de EWTN News.
Comenzó en 1997 centrándose en los miembros de órdenes religiosas masculinas y femeninas, dado que comparten una vida muy similar y son fáciles de estudiar. Se asemejan en su rutina diaria, alimentación, condiciones de vida, fe y muchos otros aspectos que influyen en la salud y la longevidad, explica el estudio.
Participaron alrededor de 16.600 miembros de órdenes religiosas (más de 9.000 monjas y el resto monjes) en Alemania y Austria, con algunos miembros residentes en Suiza e Italia. La investigación incluyó cuestionarios anónimos autoadministrados enviados a más de 1.100 religiosos, pero también se remontó a 1890 para consultar los archivos de numerosas comunidades religiosas, que resultaron útiles para obtener datos. Los resultados fueron algo sorprendentes.
Según el estudio, la diferencia de aproximadamente un año en la esperanza de vida entre ambos sexos se atribuye a factores biológicos. Las mayores diferencias en la esperanza de vida entre ambos sexos se deben a la mortalidad masculina por causas no biológicas, y no a la baja mortalidad femenina, como suele creerse.
Los hombres en órdenes religiosas viven, en promedio, unos cinco años más que los hombres fuera del claustro, y la vida monástica parece reducir algunos de los riesgos que acortan la vida. Estas comunidades ofrecen una rutina diaria ordenada y un horario estructurado para el trabajo, la alimentación y la oración, relaciones duraderas, un propósito común y demás. Por lo tanto, se dan las condiciones ideales para el bienestar físico y mental.
Además, en una comunidad monástica, las personas se cuidan mutuamente y el deterioro físico o mental suele detectarse antes. Asimismo, se reduce el estrés crónico y la oración contribuye a la estabilidad emocional.
El principal impulsor del proyecto, el sociólogo alemán Luy, que trabaja en Austria desde 2008, declaró a EWTN News que sería “interesante” incluir órdenes religiosas de otros países. Sin embargo, “esto es una cuestión de recursos”, afirmó.
“No obstante, no espero resultados diferentes a los que hemos obtenido con varias órdenes en Alemania y Austria”, añadió.
Sin embargo, “ser monje o monja no significa necesariamente llevar una vida fácil y tranquila”, declaró a EWTN News la religiosa eslovaca Cecília Kasanová.
La hermana dominica lleva seis años viviendo en el Monasterio de Santo Domingo y Sixto de Nuestra Señora del Rosario en Roma, que custodia el antiguo icono mariano conocido como la «Advocata», llevado por Santo Domingo a través de Roma.
Aunque reconoció que un estilo de vida equilibrado puede influir en la longevidad, «monjes y monjas famosos por su longevidad sufrieron penurias, guerras, persecución por sus creencias religiosas o encarcelamiento». La hermana Cecília dijo que es “admirable” la fortaleza “que tuvieron para perseverar y no rendirse”.
La monja reconoció los beneficios de un día dividido en momentos de silencio: oración personal, estudio, trabajo, misa diaria, confesión y comidas comunitarias. También hay momentos para conversar, como en las reuniones y celebraciones de la comunidad, así como tiempo para relajarse y recibir visitas.
Además, la vida consagrada en una comunidad de monjas puede mejorar la vida de los visitantes, observó la hermana Cecília. Es “un gran regalo para mí personalmente, para la Iglesia y para el mundo”, ya que “vivimos exclusivamente para el Señor” y oramos por quienes nos visitan. Estos fieles “suelen sentirse mejor porque son escuchados, aceptados, sabiendo que no están solos en lo que experimentan, porque los acompañamos con la oración”, subrayó.
La vida monástica demuestra así que debemos “poner a Dios en primer lugar”, ya que Él “da sentido a todo lo que hacemos y a quienes somos. Él es nuestro Dios y, al mismo tiempo, un amigo fiel”, afirmó la monja eslovaca.
En una carta fechada el 16 de julio y publicada por el Vaticano el 22 de julio, el Papa León XIV escribió para conmemorar el 70.º aniversario de la Conferencia de Superiores Mayores de Hombres en Estados Unidos. Los animó a considerar la vida en comunidad “como un lugar de santificación y una fuente de inspiración, testimonio y fortaleza en su apostolado”.
Según el Pontífice, que es miembro de la Orden Agustina, “es precisamente al compartir todo en común, incluyendo los bienes materiales, las experiencias espirituales, los ideales apostólicos y el servicio caritativo, que la presencia oculta del Señor resucitado se manifiesta entre vosotros”.
Publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
