25 de julio de 2026
 Mateo 20, 20-28

La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante Él para pedirle algo. “¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. “No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?” “Podemos”, le respondieron. “Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”.

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así.

Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”. Palabra del Señor.

 AQUÍ ALGUNAS IDEAS CLAVES CON EJEMPLOS PRÁCTICOS, PARA COMPRENDER MEJOR LA ENSEÑANZA DEL EVANGELIO

La madre de Santiago y Juan pide a Jesús que sus hijos ocupen los primeros puestos en su Reino. Jesús responde que no saben lo que piden y les pregunta si están dispuestos a beber el cáliz que Él va a beber, es decir, a compartir su pasión y entrega. Los otros discípulos se indignan por esta petición, y entonces Jesús les enseña que, en el Reino de Dios, la verdadera grandeza no consiste en dominar o tener poder, sino en servir. Finalmente, presenta su propio ejemplo: «El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»

Cinco ideas fuerza con ejemplos prácticos
1. La verdadera grandeza consiste en servir a los demás.

Para Jesús, el éxito no se mide por el poder, el prestigio o los honores, sino por la capacidad de amar y servir con humildad.

Ejemplo práctico:
Una persona que dedica parte de su tiempo a visitar enfermos, acompañar a adultos mayores o ayudar en un comedor solidario está viviendo la grandeza que Jesús propone, aunque nadie la aplauda.

2. Seguir a Cristo implica compartir su cruz.

Jesús recuerda a sus discípulos que el camino hacia la gloria pasa por el sacrificio, la fidelidad y la entrega.

Ejemplo práctico:
Un matrimonio que permanece unido en medio de enfermedades, dificultades económicas o problemas familiares está bebiendo el cáliz de Cristo con amor y perseverancia.

3. La ambición y la búsqueda de privilegios dividen a la comunidad.

La petición de los hijos de Zebedeo provoca el enojo de los demás discípulos. Cuando se busca sobresalir por encima de otros, nace la rivalidad.

Ejemplo práctico:
En una parroquia o en un grupo pastoral, cuando alguien busca reconocimiento o protagonismo, surgen conflictos. En cambio, cuando todos trabajan con espíritu de servicio, la comunidad crece en unidad.

4. La autoridad cristiana es un servicio, no un privilegio.

Jesús enseña que quien tiene una responsabilidad debe ejercerla con humildad, buscando siempre el bien de los demás.

Ejemplo práctico:
Un director de escuela, un sacerdote, un catequista o un jefe de empresa que escucha, acompaña y se preocupa por las personas a su cargo refleja el estilo de autoridad de Jesús.

5. Cristo es el modelo perfecto del servidor.

Toda la vida de Jesús culmina en la entrega de la cruz. Él no pidió a los demás lo que Él mismo no estaba dispuesto a vivir.

Ejemplo práctico:
Un padre o una madre que sacrifica tiempo, descanso y comodidades para educar a sus hijos con amor está imitando a Cristo, que entregó su vida por los suyos.

Enseñanza central

Jesús nos enseña que el verdadero discípulo no busca ocupar los primeros lugares, sino servir con humildad y amor. En el Reino de Dios, quien se entrega generosamente por los demás es el más grande, porque sigue el ejemplo de Cristo, el Siervo por excelencia.

Oración final

Señor Jesús, Tú nos enseñaste que la verdadera grandeza no está en mandar, sino en servir. Líbranos del orgullo, de la vanidad y del deseo de buscar honores o reconocimientos. Danos un corazón humilde, capaz de ponerse al servicio de los demás con alegría y generosidad.

Haz que en nuestras familias, comunidades y parroquias aprendamos a vivir el amor que se entrega sin esperar recompensas. Enséñanos a cargar con nuestra cruz de cada día con paciencia y confianza, sabiendo que el camino del servicio conduce a la verdadera felicidad.

Que, siguiendo tu ejemplo, sepamos amar a los más pobres, acompañar a quienes sufren, perdonar a quienes nos ofenden y trabajar siempre por la unidad y la paz.

María, humilde esclava del Señor, enséñanos a servir con el mismo amor con que acompañaste a tu Hijo hasta la cruz. Amén.

QUE TENGAN UN MUY BUEN DÍA Y CON LA GRACIA DE DIOS, VAMOS QUE SE PUEDE