04 de junio de 2026

El béisbol no cuenta con un santo patrono oficial, es decir, un hombre o mujer reconocido por la Iglesia Católica como intercesor especial de un lugar, grupo o actividad. Pero el Papa León XIV, fan de toda la vida de los Chicago White Sox —quien ya como Pontífice ha usado la gorra blanca y negra del equipo del lado sur de Chicago e incluso participó en un cántico de los “White Sox” en la Plaza de San Pedro— podría tener la oportunidad de “batear” en esta dirección. En la lista de beatos que el Papa podría considerar para una eventual canonización se encuentra un sacerdote católico estadounidense vinculado profundamente al béisbol: el Beato P. Michael McGivney. El beato McGivney (1852-1890) es conocido principalmente como el fundador de los Caballeros de Colón, organización católica creada en 1882 en New Haven, Connecticut. Fue beatificado el 31 de octubre de 2020. Pero además de su labor pastoral, también está asociado al béisbol como jugador y promotor. Aunque aún hay varias “bases por recorrer” antes de que McGivney pueda convertirse en el patrono oficial del deporte, personas cercanas al béisbol como el capellán laico de Grandes Ligas Ray McKenna lo apoyan. “Sería una bendición muy bienvenida para el béisbol y todos sus jugadores, entrenadores y fanáticos, pasados, presentes y futuros”, señaló McKenna, presidente y fundador de Catholic Athletes for Christ.

Béisbol y santidad La relación del beato McGivney con el béisbol se entiende por el contexto histórico en el que vivió. Nació en 1852 en Connecticut, apenas siete años después de que el Knickerbocker Base Ball Club codificara el béisbol moderno en Nueva York. Como muchos jóvenes de su época, jugó béisbol en su juventud y, según testimonios, era bastante bueno. El historiador Douglas Brinkley lo describió como “un jugador naturalmente talentoso”. Incluso existe un registro de su desempeño en un partido del 20 de mayo de 1872, cuando estudiaba en el seminario Our Lady of Angels en la Universidad de Niagara. Jugó como jardinero izquierdo, fue cuarto en el orden al bate y anotó tres carreras en una victoria del equipo Charter Oaks, del cual también era vicepresidente. Ya como sacerdote en las parroquias de St. Mary (New Haven) y St. Thomas (Thomaston), organizaba partidos de béisbol en picnics parroquiales. Su biografía sugiere incluso que habría sido coach de tercera base del equipo de los Caballeros de Colón. “Se puede decir que el béisbol acompañó al beato McGivney, y no fue solo un observador casual, sino alguien que veía un valor más profundo en el juego”, explicó Andrew Fowler, especialista en comunicación del Yankee Institute. Según Fowler, McGivney veía el béisbol como “un medio para construir fraternidad y comunidad”. Tras su muerte, la organización que fundó continuó vinculada al deporte. En los años 1890, los Caballeros de Colón formaron equipos y ligas en todo Estados Unidos. En el siglo XX incluso organizaron partidos benéficos con estrellas como Babe Ruth.

Cómo podría convertirse en patrono del béisbol Para que el beato McGivney se convierta en santo patrono del béisbol, deben cumplirse dos pasos. Primero, debe ser canonizado. Para ello, necesita un segundo milagro aprobado por el Vaticano. Segundo, una vez canonizado, la Iglesia debería reconocer oficialmente su patronazgo sobre el deporte. La historiadora Kathleen Sprows Cummings explica que los patronazgos pueden surgir de tres formas: por devoción popular, por impulso de autoridades locales o por decisión directa del Papa. Cita ejemplos como Santa Teresa de Ávila o Santa Frances Xavier Cabrini, declaradas patronas por intervención papal. Cummings recuerda que canonización y patronazgo son procesos distintos: uno no depende del otro. “El propósito de los santos es acercar a los fieles a Dios, y el patronazgo es otra forma de lograrlo”, explica.

Un posible patrono del deporte Aunque pueda parecer inusual, no es algo sin precedentes. San Luigi Scrosoppi fue declarado patrono del fútbol en 2010. En el caso del béisbol, también existen otros posibles candidatos, como Santa Rita de Casia o incluso el Beato Roberto Clemente, estrella de los Pittsburgh Pirates, quien murió en 1972 en una misión humanitaria. Sin embargo, para Fowler, McGivney tiene ventaja: jugó béisbol y ya está en proceso de canonización. “Podría ser un canal de gracia en el dugout”, afirma. Además, su figura podría ayudar a reemplazar supersticiones deportivas por una espiritualidad más profunda. “¿Por qué no ofrecer a los jugadores un modelo de vida santa en lugar de amuletos o rituales supersticiosos?”, plantea. Para los expertos, un patrono del béisbol también ayudaría a los fieles a ver la santidad en lo cotidiano. “Esto muestra que todo puede ser santificado. Incluso ir a un partido de béisbol”, concluye Cummings.