28 de mayo de 2026

El Papa León XIV advirtió de la tentación de diluir “los contenidos” o rebajar “las exigencias” propias de la vida cristiana y de la pertenencia a la Iglesia Católica con el fin de hacerla más “atractiva”. “No es diluyendo los contenidos ni suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo, sino testimoniando con humildad y valentía el camino, la verdad y la vida que ha convertido y santificado a tantas personas”, aseveró el Pontífice al reunirse con los miembros del Dicasterio para la Evangelización —sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo—, que acaban de concluir su Sesión Plenaria. Según establece la Constitución Praedicate Evangelium, corresponde a este organismo estudiar las cuestiones fundamentales de la evangelización y promover un anuncio eficaz del Evangelio, identificando formas, instrumentos y lenguajes adecuados.

El peligro “subyacente” tras la indiferencia religiosa Antes de lanzar esta advertencia, el Papa constató la crisis de fe que ha dado lugar a una “extendida indiferencia religiosa”, especialmente en los países de Occidente. “La fe, para muchos, deja de parecer relevante para su vida”, subrayó. Asimismo, alertó de un “peligro subyacente”, no siempre percibido “en toda su gravedad”: la pérdida del impulso hacia lo más propiamente humano, es decir, “la búsqueda de sentido”. “Las grandes cuestiones existenciales quedan sin respuesta —lamentó el Papa— mientras se expande una cultura tecnológica que pretende responder a todas las necesidades”, advirtió, en línea con la crítica a la confianza ciega en la tecnología que también plantea en su primera encíclica Magnifica humanitas. En todo caso, dejó claro que la transmisión de la fe pasa “necesariamente” por el encuentro con personas y comunidades que expresan la alegría de la fe cristiana y la coherencia de un estilo de vida evangélico. El Papa destacó que “merece gran atención la fuerte demanda de espiritualidad que, especialmente entre los jóvenes, se abre camino y que se ha manifestado claramente con ocasión del Jubileo de los jóvenes”. “La nueva generación no muestra prejuicios hacia el Evangelio; al contrario, muchos, cuando lo redescubren, desean conocerlo mejor, porque perciben que en él se esconde el secreto de la verdadera felicidad”, reseñó. Del mismo modo, subrayó que la evangelización debe afrontar condiciones y “dinámicas cambiantes” en la transmisión de la fe entre generaciones. “En algunas regiones del mundo, esta transmisión se ha interrumpido casi por completo, y ello requiere la capacidad de asumir nuevos desafíos”, lamentó.

Falta de herramientas para poder “madurar”  “Las causas de esta situación son conocidas y múltiples; lo que resulta de ello es, sin embargo, entre las nuevas generaciones, una ‘pobreza’ espiritual, una falta de motivaciones y herramientas para poder madurar, con plena libertad, esa adhesión de fe que da sentido a la vida”, añadió. En este contexto, aseguró que el clima cultural de las sociedades “hipermediáticas y consumistas” reduce la capacidad de aprender con paciencia y de recorrer, con esfuerzo, un camino personal de búsqueda de la verdad, con perseverancia y sentido crítico. “Todo mensaje corre el riesgo de ser percibido como una opinión más entre muchas”, aseveró.

Hacer a Dios “creíble en este mundo” El Papa citó La Europa de Benedicto en la crisis de las culturas, el célebre libro que recoge conferencias y ensayos de Benedicto XVI, en el que el entonces Cardenal Joseph Ratzinger analiza la crisis de identidad europea. “Necesitamos hombres cuyo entendimiento esté iluminado por la luz de Dios y a quienes Dios abra el corazón, de modo que su inteligencia pueda hablar a la inteligencia de los demás y su corazón abrir el corazón de los demás. Solo a través de hombres tocados por Dios, Dios puede volver junto a los hombres”, destacó. Citando nuevamente a Benedicto XVI, afirmó que se necesitan personas que, “mediante una fe iluminada y vivida, hagan a Dios creíble en este mundo”. Durante el discurso, el Pontífice agradeció también al dicasterio el trabajo realizado durante el Jubileo del año pasado, y subrayó que el mundo tiene, “más que nunca, sed de esperanza”. “Desea vivir en paz y con la certeza de que el compromiso por construir una ciudad digna de hijos de Dios no solo es posible, sino real, porque está impregnado de una esperanza que ofrece metas verdaderas, no ilusorias”, aseguró.

El anuncio del Evangelio que infunde esperanza no es una propuesta “utópica” Por ello, explicó que la evangelización debe seguir siendo la “motivación fundamental” de toda acción de la Iglesia, tanto a nivel universal como en las comunidades locales. “El anuncio del Evangelio, que infunde esperanza, no es una propuesta utópica: es un testimonio que atrae porque manifiesta la llamada al amor y a la verdad”, dijo. En este sentido, insistió en que “nadie” puede sustituir a la Iglesia en esta misión, “tan urgente como necesaria para garantizar fundamentos sólidos al futuro de la humanidad, para que sea un futuro de paz, justicia, libertad y fraternidad”. Finalmente, el Papa abordó la importancia de la catequesis, que, según afirmó, “califica de manera decisiva la vida de la Iglesia en su compromiso formativo y de transmisión de la fe”. En este sentido, llamó a dedicar “una atención particular hacia los catecúmenos, que en número cada vez mayor piden el Bautismo”. “Un cuidado semejante debe dedicarse a los jóvenes que reciben el sacramento de la Confirmación. Animo las múltiples iniciativas que los acompañan en la continuidad de su camino de fe para su crecimiento humano y cristiano”, concluyó.