16 de marzo de 2026

La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido con fuerza y todo indica que ha llegado para quedarse. Su influencia se percibe en todos los ámbitos de la sociedad y ya se ha consolidado como una herramienta indispensable, especialmente en el mundo laboral y de la educación, llegando incluso a la Iglesia Católica. Consciente de esta realidad, el Papa León XIV aconsejó recientemente a los sacerdotes de Roma a que utilizaran “más el cerebro” y no la IA para preparar homilías, una práctica que parece que comienza a extenderse entre algunos presbíteros. ¿Qué opinan los sacerdotes sobre esta tendencia? Con el propósito de profundizar sobre esta dinámica, ACI Prensa consultó al respecto con varios de ellos. Desde sus diferentes vocaciones y apostolados, todos comparten una misma conclusión: La IA puede ser una herramienta útil, pero “nunca podrá sustituir la gracia”.

Transmitir la Palabra como el mismo Cristo lo hizo Desde el sur de España, el P. Alfonso Peña, miembro del Cabildo de la Catedral de Sevilla, afirma que la IA puede ser una herramienta para consultar ideas, incluso utilizada como una fuente de inspiración. Sin embargo, precisa que no puede sustituir “el discernimiento pastoral ni la experiencia espiritual del sacerdote”. A juicio del P. Peña, “la homilía debe brotar del corazón del pastor y de su relación con Dios y con su pueblo”, por lo que la predicación no puede reducirse a un texto bien escrito, “ya que nace de la Palabra y del conocimiento concreto de la comunidad que uno sirve”. “La predicación cristiana —añade— sigue siendo el encuentro vivo con el Evangelio y con las personas. La tecnología puede colaborar, pero la autenticidad de la fe y del ministerio no se puede delegar a una máquina”. En esta misma línea, el sacerdote español Fernando Gallego, uno de los iniciadores de la plataforma Jóvenes Católicos, recuerda que la principal misión de los sacerdotes es transmitir la Palabra de Dios “como el mismo Cristo la transmitió”.

El Pueblo de Dios “necesita más que algoritmos” Con ocasión de una celebración de la Solemnidad de San José, a Mons. Alberto Figueroa, Obispo de la Diócesis de Arecibo (Puerto Rico), le pidieron encargarse de la homilía minutos antes de que iniciara la Misa celebrada durante un encuentro regional del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) en Santo Domingo. “Al ver mi consternación, un sacerdote se me acercó para decirme: ‘si quiere, le pido a la IA que le prepare una homilía sobre San José’. Pensé que era una broma, pues hasta entonces no sabía que eso era posible. Me negué en rotundo. ¡Nunca aceptaré que una máquina escriba mis homilías!”, relató a ACI Prensa. Subraya, además, que es indispensable que la palabra vaya acompañada también de las obras. “La IA siempre será más pobre que la predicación de un sacerdote que es coherente y auténtico, y que predica según su propia experiencia”. Para el sacerdote diocesano, la clave y aquello que “realmente conmueve” es la “autenticidad de la coherencia”.  Debido al poco tiempo que disponía, utilizó la herramienta para repasar Patris Corde, la Carta Apostólica del Papa Francisco sobre San José. “Y con la ayuda del Espíritu Santo, pude salir al paso, bastante aceptablemente, del reto de predicar ese día”.  Tras compartir esta anécdota personal, afirma que “una cosa es buscar una referencia, un texto, información actualizada y, otra diferente, depender de ello para hacer lo que sólo puede hacerse dignamente con esfuerzo personal y oración. El santo Pueblo de Dios necesita más que algoritmos”, subrayó.

La máquina no tiene alma ni capacidad de amar El P. Ignacio Amorós, conocido por su compromiso con la evangelización digital, destacó la “sabiduría” con la que el Papa León XIV ha alertado sobre estos nuevos desafíos, lo que considera una “advertencia vital” en el ámbito de la predicación.A su parecer, es innegable la utilidad de la IA como una herramienta, ya que permite hacer análisis rápidos, encontrar textos bíblicos concretos o sintetizar ideas en segundos, “ahorrando el tiempo de buscar físicamente entre libros”.  Sin embargo, remarca que el tiempo de búsqueda también es un espacio para Dios y que “hay algo sagrado en el propio ‘proceso’ humano de buscar, leer y reflexionar”. Ese esfuerzo y tiempo de preparación, es para el sacerdote “lo que le da espacio a Dios para que sus ideas se impriman en nuestro propio corazón. Dios y el amor son siempre creativos y originales”. “Debemos dejarle espacio en la oración para que nos hable sobre lo que debemos predicar, manteniendo siempre una fidelidad inquebrantable a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio. Si externalizamos todo el proceso de búsqueda a un algoritmo, nos perdemos esa conversación íntima previa con el Señor”, indica. Advierte que la IA también “puede saturarnos de información hasta bloquearnos”, corriendo el riesgo de caer “en un intelectualismo aparente”, con el que se construyen discursos “teológicamente perfectos, pero que no tienen corazón”. El P. Amorós equipara esta situación con “el peligro que a veces enfrentamos en nuestra propia vida espiritual, cuando convertimos la oración en un discurso intelectual, en lugar de un intercambio de afectos con Dios. La máquina procesa datos y simula empatía, pero no tiene alma, ni conciencia, ni la capacidad de amar”.

Las “diosidencias” del Espíritu Santo Subraya también que, hoy en día, “la gente está sedienta de autenticidad; escuchan y acogen aquello que verdaderamente ha sido tamizado por el corazón del sacerdote”. Por ello, señala que es absolutamente necesario pasarlo todo por la oración. “En el fondo, uno transmite lo que lleva dentro. Si la homilía no ha sido rezada, no puede penetrar verdaderamente en el corazón de los fieles”. El P. Amorós afirma con convicción que la IA “nunca podrá sustituir la gracia y la irreemplazable acción del Espíritu Santo, quien toca los corazones”. Algo que, asegura, ha visto innumerables veces en su experiencia personal y en la evangelización en las redes.  “A veces, Dios me ha puesto en el corazón comunicar un detalle que yo humanamente creía que no era importante, y resulta que era justo lo que la gente necesitaba escuchar y el mensaje se ha viralizado. O he predicado una inspiración concreta en la Misa y, al terminar, me he dado cuenta de que había una persona específica en los bancos que necesitaba desesperadamente escuchar exactamente eso. Esas ‘diosidencias’, esa conexión espiritual profunda, es obra exclusiva del Espíritu Santo, y ninguna tecnología podrá jamás replicarlo”. Para el P. Francisco Javier “Patxi” Bronchalo, sacerdote de la Diócesis española de Getafe, la IA nunca puede sustituir a una predicación o un testimonio, ya que los sacerdotes lo hacen “desde la experiencia y desde lo que llevamos en el corazón en cada momento, y eso es irreemplazable”. “No debemos pedir a ChatGPT que haga eso, porque es un empobrecimiento de la palabra que le damos a los fieles”, aseguró. El P. Mario Fernández Torres, sacerdote diocesano de Madrid, invita a los sacerdotes a utilizar la “inteligencia sobrenatural”, que —asegura— es el Espíritu Santo, “para dar vida pastoral al texto después de haberlo llevado a la oración y de darle una dimensión más personal y espiritual”. Con una idea similar concluye el sacerdote trinitario español Antonio Torres, quien anima a aprovechar las ventajas de la inteligencia artificial, aunque “en su justo uso”. “La homilía es un acto del espíritu y por lo tanto debe ser meditado y orado, teniendo en cuenta las circunstancias que nos rodean y la situación de la comunidad”.