13 de marzo de 2026

El predicador de la Casa Pontificia, el P. Roberto Pasolini, continuó este viernes con la segunda prédica de Cuaresma inspirada en la conversión del santo de Asís, titulada “Si alguno está en Cristo, es una nueva criatura. La conversión al Evangelio según San Francisco”. Ante el Papa León XIV y miembros de la Curia Romana reunidos en el Aula Pablo VI, el fraile capuchino meditó sobre la fraternidad, a la que se refirió como un don y también como una responsabilidad “seria y urgente”, especialmente en una sociedad marcada por la división. En su sermón, recogido por Vatican News, el P. Pasolini explicó que, en la fraternidad, la conversión se verifica realmente y la calificó como “el signo más elocuente de lo que el Evangelio puede obrar en nuestra vida”. Exhortó también a “ir más allá” y a contemplar a nuestros hermanos no como un mero apoyo o sustento, sino como alguien que se nos ha sido confiado “para que nuestra vida pueda cambiar”.

La fraternidad llama a una verdadera conversión En este contexto, el P. Pasolini subrayó que los hermanos no se limitan por tanto a confirmar “lo que somos”, sino que nos llaman a una verdadera transformación: “Se convierten en el espacio concreto en el que Dios trabaja nuestra humanidad, disolviendo nuestras rigideces y enseñándonos a vivir con un corazón más verdadero y más capaz de amar”. A la luz del relato bíblico de Caín y Abel, el predicador de la Casa Pontificia señaló que una fractura entre hermanos nace “de un problema de mirada” e instó al Papa y a la Curia Romana a preguntarse “quién es Caín dentro de nosotros” y cuánto espacio ocupa el resentimiento. Recordó asimismo que, para San Francisco, la fraternidad es una oportunidad “para aprender la lógica misericordiosa del Evangelio hacia el prójimo que se equivoca”. “En las ocasiones en que las relaciones se resquebrajan y la comunión se ve herida, el Evangelio no sugiere ante todo defender los propios derechos, sino buscar el bien mejor y siempre posible: aquel que permite reconocer en el otro ya no a un adversario o a un deudor, sino a un hermano amado por el Señor”, afirmó. Para lograrlo, el fraile instó a buscar “un vínculo de libertad”, basado en el “hecho de que Dios nos ha elegido y nos ha llamado a vivir juntos en la Iglesia como hermanas y hermanos”. En este sentido, indicó que ante la Pascua “descubrimos que podemos acoger a los demás incluso cuando nos hieren, cuando nos decepcionan, cuando se comportan como adversarios. No porque nos hayamos vuelto más fuertes o más virtuosos, sino porque algo en nosotros ya ha muerto y algo nuevo ha comenzado a vivir”. De este modo, el P. Pasolini invitó a fijarnos en la conversión que surge “precisamente de lo que los otros hacen con nosotros, incluso cuando nos hieren o nos ponen a prueba”, por lo que “nunca debemos perder el horizonte” ni la perspectiva de la vida eterna. “La fe no separa, sino que recuerda que nadie puede ser excluido de nuestro corazón”, remarcó. A modo de conclusión, el P. Pasolini indicó que, en medio de las divisiones, guerras y conflictos actuales, los cristianos “no podemos limitarnos a hablar de fraternidad como de un ideal por alcanzar. Estamos llamados a recibirla como un don y, al mismo tiempo, a asumirla como una responsabilidad muy seria y urgente”.