27 de enero de 2026

Una emotiva Eucaristía tuvo la comunidad de La Purísima de Lirquén el domingo 25 de enero, luego de ver siniestrado completamente su templo parroquial. La celebración se realizó en la Casa Pastoral, lugar que en adelante albergará el quehacer de la comunidad y su proceso de reconstrucción humana y material.

Presidió el Arzobispo de Concepción, Monseñor Sergio Pérez de Arce, junto al párroco padre Raúl Castillo, sacerdotes y diácono del decanato. En su homilía, el celebrante afirmó “los creyentes también encontramos fortaleza en la fe, encontramos motivos para enfrentar la adversidad. Podemos alabar a Dios a pesar de la situación difícil que ustedes viven, porque le reconocemos como nuestro Dios y Señor, reconocemos su compasión y amor en medio de nuestras vidas. El llamado es a encontrar fortaleza en la fe, motivos para salir adelante, esperanza sabiendo que Dios está con nosotros siempre, caminando en medio de nuestra vida”.
Y prosiguió afirmando “esta comunidad tendrá que relanzar su misión. La misión de ustedes y de nosotros como Iglesia no es solo reconstruir el templo, sino que es renovarnos en la misión, es volver a decir estamos aquí para anunciar la Buena Nueva de Jesús”.
Durante la Eucaristía hubo signos de especial relevancia, como el momento de la oración de los fieles en el cual se oró por las familias que lo perdieron todo, varias de ellas presentes en la Santa Misa. También, cuando el párroco mostró el copón y patena rescatados de las cenizas, que le fueron obsequiados el día de su primera misa hace casi 40 años por el padre Ángel Jiménez, de feliz memoria.
El párroco de Lirquén, padre Raúl Castillo, señaló que están reconfortados y esa obra es del Señor. “La visita del Arzobispo nos ayuda para continuar esta nueva etapa en la vida de la parroquia, sin desconocer lo anterior, pero no se puede negar que hay un antes y un después del incendio. Tal como lo dijo Monseñor Sergio, tenemos que renovarnos en la misión como comunidad de fe. El templo, lo material, saldrá después, ahora tenemos que animarnos unos a otros y compartir nuestra fe; animar la esperanza de aquellos que están angustiados. El cristiano que está llamado a ser sal y luz del mundo debe llevar ese mensaje a quienes más lo necesitan”.
Asimismo, Marianela Cáceres, integrante de la comunidad, dijo “tenemos mucha pena por los hermanos que han fallecido, por quienes han perdido todo. La parte material la vamos a levantar, tenemos fuerza, junto con otros hermanos hemos venido todos los días a preguntar qué falta o en qué podemos ayudar. Me gustó mucho hacer la primera misa acá, y saber que al menos ya tenemos un lugar para celebrar la Eucaristía”.
Luego de la bendición final, Monseñor Sergio invitó a los fieles a cruzar hacia el frontis del antiguo templo, donde se realizó un signo y el compromiso de caminar juntos con fe y esperanza.