12 de septiembre de 2023
Paola Simonetti – Ciudad del Vaticano
Un fenómeno meteorológico extremo. Así definieron los expertos la tormenta que se desató con dramática violencia en Libia. Tras haber arrasado Grecia, Turquía y Bulgaria, causando la muerte de al menos veintisiete personas, la tempestad derramó sobre el país norteafricano una espantosa cantidad de agua que sumergió literalmente la ciudad de Derna, en la parte oriental del país. Para asestar el golpe definitivo, el derrumbe simultáneo de dos presas liberó otros treinta y tres millones de cubos de agua.
Miles de víctimas
Las autoridades hablan de un balance de tres mil muertos en una ciudad de cien mil habitantes, un balance que trágicamente está destinado a empeorar: se habla de al menos seis mil desaparecidos, y algunos especulan hasta con diez mil. «Falta de todo – es el llamamiento de la Media Luna Roja, la rama internacional de la Cruz Roja – se necesita ayuda, medicinas, alimentos, refugios para los desplazados y voluntarios, medios de comunicación para una zona enorme sin electricidad».
Ayuda internacional
A la llamada de socorro respondieron por el momento Francia e Italia, que se declararon dispuestas a movilizarse para prestar ayuda inmediata, pero también están actuando Egipto, Argelia y Qatar y la propia Cruz Roja italiana, mientras que en un mensaje en las redes sociales, el presidente tunecino, Kais Saied, hizo saber que «autorizó la coordinación inmediata con las autoridades libias para la ayuda de emergencia mediante el despliegue de los medios humanos y logísticos necesarios».
Luto nacional
Mientras llegan mensajes de condolencia del frente internacional, el país hace una pausa para llorar a las víctimas, pero también para dedicar tiempo a asegurar actividades cruciales y delicadas.
