El sacerdote Michal Rapacz, asesinado en Polonia en 1946 por el régimen comunista, será beatificado el próximo 15 de junio en la Arquidiócesis de Cracovia, donde llevó a cabo su ministerio. El anuncio fue hecho el 17 de febrero en el sitio web de la Conferencia Episcopal de Polonia (CEP), la cual indicó que la fecha ha sido fijada por el Papa Francisco. Ese día también concluirá el Congreso Eucarístico en la Arquidiócesis de Cracovia.
20 de febrero de 2024
En la nota del Episcopado polaco se relata que el futuro beato fue advertido del peligro que corría e instado a abandonar Ploki. Sin embargo, durante uno de sus sermones expresó: “Aunque caiga muerto, no dejaré de predicar este Evangelio y no renunciaré a mi propia cruz”. La noche del 11 al 12 de mayo de 1946, una milicia comunista formada por veinte hombres asaltó la rectoría, se le leyó al sacerdote la sentencia de muerte y luego fue llevado afuera. El P. Rapacz fue arrastrado con una cuerda alrededor de la iglesia y golpeado brutalmente. Posteriormente, fue trasladado a un bosque lejano donde le dispararon. “Quedó en la memoria de sus feligreses como un sacerdote que iba todas las noches a la iglesia para orar durante mucho tiempo ante el Santísimo Sacramento por la salvación del pueblo a él confiado”, afirma el Arzobispo de Cracovia, Mons. Marek Jedraszewski, en su carta de Cuaresma citada por el Episcopado.
El Dicasterio para las Causas de los Santos relata que el cuerpo del P. Michal Rapacz fue hallado en la mañana del 12 de mayo por algunos campesinos. “Los ejecutores materiales del delito nunca fueron identificados. Las investigaciones, de hecho, fueron conducidas con métodos típicos del régimen comunista, destinados a ocultar la realidad de los hechos y sobre todo el motivo”, señala. De acuerdo al dicasterio vaticano, “la hipótesis del asesinato maduró en el contexto del odio contra el cristianismo”. El sacerdote “fue asesinado a causa de su actividad pastoral” que no era agradable al régimen, “y su asesinato presenta las características típicas de los crímenes perpetrados por los comunistas”.
“Su asesinato no fue un hecho aislado, sino que constituía parte de la actividad del gobierno encaminada a ‘liberar’ a Polonia de la influencia de la Iglesia y de sus representantes más importantes. En ese período, en Polonia, fueron asesinados otros sacerdotes de la misma manera”, afirma. La Santa Sede ha señalado que el futuro beato “era consciente del riesgo que corría y estaba dispuesto a afrontarlo con serenidad, dispuesto a dar su vida para permanecer fiel a Cristo y a la Iglesia”. En ese sentido, el dicasterio explica que el P. Rapacz “fue considerado por muchos como un mártir” desde el descubrimiento de su cuerpo. “Su fama de martirio se ha mantenido en el tiempo, aunque de forma oculta durante el régimen comunista, y ha llegado hasta nuestros días”.
