20 de febrero de 2026
En los días previos al inicio de la Cuaresma, la Catedral de Sevilla en España acoge una hermosa tradición que se remonta al siglo XV: La Danza de los Seises. Durante el Triduo de Carnaval, antes del Miércoles de Ceniza, un grupo de niños de entre nueve y once años con vestimentas tradicionales realizan coreografías solemnes frente al altar mayor. Se trata del tradicional baile de los Seises, una de las expresiones más singulares y emblemáticas del patrimonio religioso y cultural de la capital andaluza. El P. Alfonso Peña, miembro del Cabildo de la Catedral de Sevilla, director del coro gregoriano y auxiliar del maestro de capilla, explica a ACI Prensa el valor de esta ceremonia que simboliza una ofrenda de pureza infantil dedicada a la Virgen María.
Los primeros niños danzantes Fue aproximadamente a partir de 1508 cuando hubo constancia de los primeros “niños danzantes”, quienes realizaban “una danza ritual de veneración al Santísimo Sacramento”. El P. Peña subraya que no se trata de un simple espectáculo o de una atracción turística, sino que es “estrictamente una danza ritual”. Al inicio eran seis niños —de ahí el nombre de “seises” —, y la tradición nació vinculada a la Solemnidad del Corpus Christi. A día de hoy, esta coreografía, pausada y solemne, se realiza también durante la Octava de la Inmaculada Concepción y en los tres días previos al Miércoles de Ceniza. En la actualidad son diez niños danzantes, escogidos del colegio Portaceli de Sevilla, que deben prepararse con cierta exigencia, ya que tienen que aprender una coreografía ancestral que se realiza con gran precisión y armonía. “Ensayan durante dos años, y en el tercer año ya intervienen plenamente en las tres danzas del calendario litúrgico”, explica el P. Peña.
Un “orgullo” para los niños y sus familias Los candidatos deben cumplir, en primer lugar, un requisito de estatura para adaptarse a la vestimenta. Solamente existen diez trajes, por lo que “los niños tienen que caber” en ellos. También se valoran otras cualidades como el sentido del ritmo, la capacidad de “ponerse de puntillas a la hora de avanzar” y otras aptitudes básicas de coreografía. En el caso de las niñas que integran la escolanía, se seleccionan las voces y también se tiene también en cuenta el compromiso familiar. Gonzalo y Jaime, los hijos de la sevillana Sandra Sánchez Contreras, danzaron un año en el grupo de los seises. “Fue un privilegio, porque es una tradición muy antigua de Sevilla y fue muy bonito”, comenta Sandra a ACI Prensa. “Hay que comprometerse y ensayar mucho, además las madres solemos quedarnos con ellos. Es un gran compromiso pero merece la pena, para ellos es una emoción”, subraya.
Amenazada con desaparecer La tradición se vio amenazada cuando en el siglo XVII la Iglesia prohibió las danzas dentro de los templos. Sin embargo, el Cabildo apeló a Roma, y el Papa Eugenio IV dictaminó por medio de una bula que el baile podría mantenerse “mientras que durase la ropa de los niños danzantes”.Ante esa condición, el Cabildo se aseguró de que, cada año, se cambiara una parte del traje. “Un año cambiaba las mangas, otro año cambiaba los pantalones, otro año cambiaban las casacas…”, de modo que la vestimenta nunca se agotaba por completo, recuerda el sacerdote. Así, lograron que la tradición “se mantuviera viva en el tiempo”. A día de hoy, los trajes apenas difieren de los más antiguos conservados en la catedral. El tejido y el patronaje son prácticamente los mismos. Aunque en imágenes de los años 30 se aprecian ligeras variaciones en el sombrero, el sacerdote explica que, en general, la iconografía muestra a los seises vestidos “a la forma de los Austrias”: casaca, pantalón corto y medias.
El sentido de cantar y danzar frente al Santísimo Aunque existen danzas rituales similares en otros puntos de España, el P. Alfonso destaca que lo que distingue a los seises sevillanos es que se desarrollan dentro de la catedral, y además están acompañados por orquesta y escolanía. En otros lugares, precisa, las danzas utilizan “espadas, palos, castañuelas” y conservan un carácter “mucho más arcaico”. En Sevilla, en cambio, “hay una evolución”, tanto musical como coreográfica. Para el P. Alfonso, formar parte de los seises es “un orgullo” para los niños y sus familias. Los pequeños disfrutan de experiencias únicas, como ensayar y actuar en la catedral, conocer espacios internos y participar en la procesión del Corpus. Como miembro del Cabildo de la catedral, el P. Peña intenta que los seises no pierdan el sentido profundo de lo que realizan: “cantamos y danzamos ante el Santísimo, como forma de honrar la devoción eucarística”.
